¿Recuperan los precios internacionales de productos agropecuarios básicos su tendencia de mediano plazo?

6 October 2010

Carlos Pomareda* y Joaquim Arias**

Entre los primeros meses del año 2007 y casi hasta finales de 2008, los precios internacionales de los productos agropecuarios básicos tuvieron un alza inusitada que coincidió con varios procesos y dio origen a diversas medidas de política de los gobiernos. A mediados de 2009 los precios  comenzaron a retornar a niveles menores y ahora parecen haber regresado a su tendencia de mediano plazo. En este artículo se analiza el proceso ocurrido y se plantean interrogantes de relevancia para las políticas públicas en relación a la agricultura.

¿Qué ocurrió?

A mediados de 2007 se dan cinco procesos casi concurrentes: el alza de los precios del petróleo, lo cual tuvo efectos en la economía de todos los países, positivos para los exportadores y negativos para los importadores, que al mismo tiempo estimuló un aumento de la demanda por biocombustibles y de las principales materias primas asociadas, como cereales, azúcar y aceites vegetales. Así también hubo un alza de los precios de los minerales, lo que mejoró considerablemente la economía de los países exportadores, como Chile y Perú. Del mismo modo, se suscitó un aumento de la demanda de los productos básicos de la agricultura, con una subsecuente caída de los stocks, especialmente de los cereales y la soya, y de productos procesados como leche en polvo y aceites. Finalmente, también existe el efecto que tuvo el proceso especulativo en el sector financiero, con discrepancias sobre su importancia relativa, que se dice añadió fuerza al alza de los precios de todos las materias primas, incluyendo los cereales.

En algunos casos los aumentos de los precios de los productos de la agricultura estuvieron asociados a cambios en la oferta y demanda. En el caso del maíz, el desvío del grano a la industria de alcohol en los Estados Unidos; en el caso de la leche en polvo, la sequía en Nueva Zelanda; y para varios granos, los aumentos en la demanda por importaciones de China. La situación de la leche en polvo fue el aumento más asociado a una reducción de los inventarios y también fue el menos prolongado. Si bien estos hechos fueron reales, algunas investigaciones han expuesto que el mayor efecto se dio por razones especulativas en las bolsas internacionales. Sin embargo, existe mucho debate sobre el tema. A pesar del mayor flujo de capital hacia los mercados de materias primas, no existe evidencia de causalidad con el aumento de los precios. Lo más probable es que los altos precios hayan atraído inversiones de capital al mercado de futuros y no al revés.

La lección ha sido clara: la interacción entre los mercados de los productos agrícolas es muy significativa, sujeta a muchos shocks externos como el movimiento de los tipos de cambio, las fluctuaciones en los precios del petróleo, el cambio climático, los temores de inseguridad alimentaria, las políticas restrictivas al comercio, y las expectativas de reactivación o agravación de la económica mundial. Hay que vigilar y analizar con más detenimiento estas interacciones.

¿Cuánto subieron los precios de los productos agropecuarios y qué efectos hubo?

Los datos en la Figura 1 atestiguan la magnitud de los aumentos promedio mes a mes, pudiéndose apreciar que en algunos productos como los cereales, los que más se transan en bolsa, el aumento fue el mas significativo (161% con respecto al año base 2005), seguido por los aceites (131%). Los productos de origen tropical, entre ellos el azúcar, experimentaron un alza moderada (54%), siendo la excepción el café robusta y el cacao, cuyos precios aumentaron más de un 100%. En el caso de otros productos como los cárnicos, no hubo aumentos significativos en los precios, y esto incluye la carne de ave, que es un usuario importante de concentrados a base de maíz y soya.

Uno de los aspectos más notables del período de alza de los precios en relación a los meses precedentes, es la gran dispersión en el comportamiento de cada producto, lo cual revelaría que las causas antes citadas tuvieron efectos muy diferenciados en los precios en cada caso.

El impacto ha sido muy diferenciado en la balanza comercial de los países exportadores netos y los importadores netos de estos productos, contrastándose la situación de Argentina y Brasil por ejemplo, con la de los países de Centroamérica. El efecto también depende de si los países son exportadores netos de minerales o de petróleo. En el caso de algunos países andinos como Perú, exportador de materias primas no agrícolas, y que a la vez depende poco del comercio exterior de los granos, el impacto ha sido menos notorio en la balanza comercial. El efecto neto depende del peso relativo de estos productos en las importaciones totales y del peso del comercio exterior en la economía. La situación de Costa Rica, donde las importaciones de granos básicos representan menos del 5% de las importaciones totales, contrasta con Honduras, país donde representa casi el 20%; además que en el primer caso las exportaciones totales son más de cuatro veces las de Honduras.

El efecto en la agricultura, a manera de estímulo a la producción, depende del grado de efectividad con el que ocurre la transmisión de precios hacia los productores y consumidores. Varias investigaciones posteriores al aumento de precios señalan que estos resultados han sido muy disímiles, siendo en muchos casos imperceptibles dado el aislamiento de algunas zonas de producción de los mercados en que tienen más influencia en las importaciones, la reducción de medidas en frontera, la aplicación de subsidios internos y la apreciación de las monedas locales, que contrarrestaron el aumento de los precios internacionales.

El mensaje en este supuesto, es que es preciso valorar la importancia relativa que las importaciones y exportaciones de granos y totales representan en el comercio exterior y en la economía. Los pocos análisis hechos sobre la efectividad de la transmisión de precios también sugieren la relevancia de anticipar la magnitud de tal transmisión asociada en parte a la relación entre la producción nacional y las exportaciones e importaciones, y al grado de integración entre los mercados locales rurales y los urbanos. Este análisis pasa por una verdadera evaluación del funcionamiento de los mercados domésticos para identificar posibles fallas en la formación de precios y en la prácticas anticompetitivas.

Vale decir que el impacto final sobre la rentabilidad agrícola depende de la variación relativa en los precios de los productos de venta versus los precios de insumos, sobre todo de los agroquímicos. Según estudios realizados en varios países, a pesar del aumento proporcionalmente mayor en los precios de los fertilizantes, las relaciones insumo-producto en la producción (en muchos casos no mayores al 30%) hicieron que la rentabilidad agrícola mejorara, salvo en contadas excepciones, como en la producción de leche fresca y caña de azúcar.

Figura 1. Precios Internaciones de los productos agropecuarios básicos, 2005 -2010 (Índice, 2005 = 100)

Ver PDF.

¿Cuales fueron las respuestas de los gobiernos?

Entre el entusiasmo de unos, los exportadores, y la angustia de otros, los importadores, las respuestas de los gobiernos fueron muy diversas. En Centroamérica por ejemplo, todos los países se avocaron a proveer apoyo a los productores de granos básicos para incrementar la producción nacional. Esto incluyó aportes de semillas y fertilizantes en condiciones gratuitas a través de los llamados bonos tecnológicos, con variantes en el nombre entre países. El esperado aumento en la producción iría acompañado de programas de comercialización. Los resultados son diversos y en general sí hubo aumentos en la producción, más no se tienen información sobre los resultados en los ingresos netos.

En países exportadores de granos como Argentina, se recurrió a medidas orientadas a frenar el entusiasmo exportador y evitar escasez en el mercado interno y como medida de control inflacionario. Los resultados en esta situación revelan una importante pérdida de divisas, un relativo control de la inflación y beneficios transitorios para los consumidores.

En ambos casos el intervencionismo estatal pudo haber cumplido parcialmente su objetivo de corto plazo. Lo que si quedó claro es que en el caso de Centroamérica se creó expectativa de que las medidas podrían continuar en el mediano plazo y que sería prudente un análisis de las consecuencias del retorno a programas gubernamentales que en el pasado estuvieron caracterizados por la burocratización y la poca transparencia. Y en el caso de Argentina, se acrecentó el temor de que el Estado posteriormente interfiriera en el mercado por la misma u otra razón.

Un resultado que amerita mayor análisis es que debido a las preocupaciones de seguridad alimentaria, en algunos países surgieron algunas propuestas de soberanía alimentaria, que fueron desde la reducción de la dependencia de las importaciones de alimentos hasta propuestas de autosuficiencia alimentaria. Las medidas restrictivas al comercio, sobre todo las orientadas a prohibir o reducir las exportaciones, pudieron agravar aún más la escalada de aumento en los precios. Algo muy positivo de rescatar fue la relevancia que adquirieron los mercados locales de alimentos, buscando su mayor participación y estabilidad.

¿Qué está pasando ahora?

Si bien las fuerzas de inestabilidad no han cesado plenamente, después de que los precios bajaran tan rápidamente como subieron, ahora parecen haber retornado a su tendencia positiva de mediano plazo. Un aspecto a contrastar es que se mantiene la dispersión en el comportamiento de los precios, pero ahora a niveles mucho mayores que en la etapa previa a la crisis.

Es notable en la gráfica anterior el aumento en términos relativos de los precios de los productos tropicales, sobre todo del cacao, así como la caída relativa de los precios de cereales. Según proyecciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), dichos precios se mantendrán en el mediano y largo plazo cerca de un 40% por encima de los niveles anteriores a la crisis. Se nota además, una posible recuperación en los precios de cárnicos.

En cuanto a los factores desestabilizadores, no es posible asegurar que no se darán. Por el contrario, van a continuar. Al más corto plazo, aún no hay signos completamente claros de recuperación de la economía mundial, y ello pudiera contribuir a disminuir la inversión privada y por lo tanto a una menor producción; pero también podría implicar una reducción de la demanda agregada. Concurrente con esta visión global, todavía está por resolverse la crisis fiscal en Europa y tampoco se tiene certeza sobre las medidas de subsidios a la agricultura en el marco de la Política Agrícola Común.

Nunca ha sido más evidente la importancia de monitorear no tanto los precios en sí mismos, sino el movimiento de los precios relativos. Mayores aumentos en los precios del petróleo conllevan aumentos en los costos de insumos y de producción, afectando la oferta de productos, sus precios y flujos de comercio, y a la vez que se refuerzan los vínculos con la oferta y la demanda de biocombustibles. Por otro lado, la variación de los precios de las monedas podría afectar sustancialmente la dirección del comercio a nivel global.

Si bien el cambio climático como proceso de largo plazo se hace cada vez más evidente, es todavía más preocupante la inestabilidad climática. Ella está afectando los rendimientos, los costos y la producción total. Así también los fenómenos severos están conllevando erogaciones fiscales de emergencia mucho más urgentes que el apoyo a la agricultura y programas para la gestión de riesgos en esta actividad.

Dos preguntas surgen por lo tanto en relación a las expectativas. La primera es si se mantendrá la tendencia positiva moderada en los precios, y la segunda es si continuará la dispersión. La respuesta es positiva en ambos casos, con el agravante de que no salimos de un período de relativa estabilidad (enero 2005-febrero 2007), sino de uno de muy alta volatilidad, (febrero 2007-noviembre 2008); es decir un período durante el cual se dieron muchos desarreglos, descapitalización de los negocios, mayores deudas, etc.

Reflexión final

La tendencia dominante es la alta volatilidad de los mercados, que atenta contra la viabilidad de la producción agrícola (cuando los precios bajan), contra la seguridad alimentaria (cuando los precios suben) y afecta las decisiones de inversión, producción y comercialización. Urgen intervenciones de política con dos propósitos: por un lado, atenuar los riesgos de bajo o ningún control por parte de los actores en el agro; y por otro, apoyarlos en la gestión de aquellos riesgos de mayor incidencia (riesgo de negocios).

El corolario es que hay que ser más acuciosos en la planificación, las decisiones y las acciones en los negocios y mucho mas estratégico en las politicas públicas. Ahora no sólo hay que planificar y decidir bajo condiciones de riesgo moderado, sino de alta incertidumbre, y eso es más difícil.

*Gerente de Servicios Internacionales para el Desarrollo Empresarial. sidesa@racsa.co.cr

**Especialista en comercio exterior en el Instituo Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA). Joaquin.Arias@iica.int

This article is published under
6 October 2010
Mário Jales* La Ronda de Doha podría tener un significativo impacto positivo en los precios mundiales del algodón, así como en la producción y las exportaciones en los países en desarrollo. Sin...
Share: 
6 October 2010
Giovanni Anania* A principios y mediados de este año, la Unión Europea (UE) concluyó con Colombia y Perú, y posteriormente con seis países de América Central (Costa Rica, El Salvador, Honduras,...
Share: