Biocombustibles y crisis alimentaria: nuevas evidencias

30 September 2008

Desde hace unos cuantos años se viene experimentando un creciente entusiasmo por los biocombustibles, sustentado sobre todo en la voluntad política de las  grandes potencias para disminuir su dependencia del petróleo -y por ende de los países productores-, pero también en la pretensión de reducir la emisión de gases de efecto invernadero sin tener que sacrificar el consumo energético. Sin embargo, efectos colaterales originados tanto por la producción como por la utilización de los biocombustibles están minando poco a poco el entusiasmo inicial.

En efecto, las bondades de los biocombustibles se han estado cuestionando desde distintos puntos de vista: medioambiental, social y económico. Desde una perspectiva medioambiental, se señalan graves daños a los suelos, a la biodiversidad y a los sistemas hídricos por la intensificación de los monocultivos y el uso de fertilizantes y plaguicidas. En cuanto a la calidad de las emisiones de etanol después del proceso de combustión, algunos estudios muestran que éstas podrían ser incluso más tóxicas que aquellas provenientes del petróleo[1].

Pero quizá el factor que acapara la atención del debate actual es el impacto de los biocombustibles en la crisis alimentaria mundial. En tal sentido, el Banco Mundial[2] se ha encargado de revelar cifras muy serias en un reciente informe.

Los alimentos son insuficientes

A pesar de que el mundo registró una cosecha récord de granos en 2005, en ese año dio inicio un intenso y sostenido ascenso en los precios de dicho producto. Esto provocado por una baja en las reservas mundiales que fuera desencadenada por una gran demanda de granos para la producción de biocombustibles. En consecuencia, los precios del maíz casi se triplicaron de enero de 2005 hasta junio de 2008, los del trigo aumentaron un 127 por ciento y los del arroz un 170 por ciento. En el caso del aceite de soja el aumento fue de 192 por ciento, y de hasta un 200 por ciento para el aceite de palma.

Establecer las causas de estos aumentos que han generado violentas manifestaciones en decenas de países y que han empujado a la miseria a millones de personas, no ha estado exento de polémica y debate.

A manera de ejemplo, los Departamentos de Agricultura y de Energía de los EE.UU. habían manifestado en un documento presentado en junio pasado al Presidente del Comité de Agricultura y Recursos Naturales del Senado[3], que el auge en la producción de biocombustibles en su país sólo era responsable de un 3% en el aumento de los precios mundiales de los alimentos. Asimismo, establecieron que las causas más importantes del alza eran los elevados precios del petróleo, la alta demanda de energía y de alimentos por parte de economías emergentes -haciendo énfasis en China e India- y los embates climáticos.

Banco Mundial: La responsabilidad de los biocombustibles es del 75 por ciento

No obstante, el informe del Banco Mundial da cuenta de un panorama muy distinto, ofreciendo datos nada acordes con la posición oficial del gobierno estadounidense.

Dicho documento señala que entre un 70 y un 75 por ciento del alza en los precios de los alimentos está directamente causado por la demanda de biocombustibles. Según el informe, las razones son prioritariamente dos: que los granos producidos se desvían del consumo humano hacia la producción de biocombustibles; y que el uso de las tierras cultivables se reorienta a la producción de materias primas para biocombustibles, desfavoreciendo la producción de alimentos. Como ejemplo se hace referencia a que en 2007 los EE.UU. ampliaron su área sembrada de maíz en un 23 por ciento, provocando una disminución de un 16 por ciento en el área cultivada de soja, y contribuyendo con ello al aumento de un 75 por ciento en el precio de ese grano. El mismo fenómeno de reorientación de cultivos estaría ocurriendo en la Unión Europea (UE), pero en este caso desfavoreciendo la siembra del trigo.

Si bien el informe evalúa otras causas como el clima, la especulación, las alzas en los precios del petróleo y la caída del dólar como copartícipes en el dramático incremento de los precios de los alimentos, concluye que de no haberse dado el auge en la producción de biocombustibles, los demás factores habrían tenido un peso apenas moderado y no se habrían registrado estas alzas significativas. Como responsables directos podrían señalarse a los EE.UU. y la UE, quienes con diferentes medidas legales e incentivos, generaron una gran inclinación por producir biocombustibles en vez de alimentos[4].

Esta última consideración llevó al Banco Mundial a instar a ambas potencias para que desistan de sus programas de subsidios a la producción de biocombustibles a partir de semillas oleaginosas y cereales; y a afirmar que la utilización del maíz para producir etanol "ha quitado ese cereal de la mesa de la gente"[5].

La crítica del Banco Mundial ya ha generado la reacción de la Asociación de Combustibles Renovables de los EE.UU., quien a través de un comunicado de una consultora internacional, critica la manera en que se llega al resultado del estudio[6]. Según su apreciación, el autor (Mitchell) atribuye a los biocombustibles la gran parte de la responsabilidad en el alza en los precios de los alimentos con demasiada facilidad e insuficiente sustento.

La situación en Latinoamérica

Latinoamérica, por su parte, está fomentando el negocio de los biocombustibles con el claro respaldo de los gobiernos. Pareciera que sus condiciones naturales idóneas y los precios récord de los derivados del petróleo son mucha tentación como para no entrar en el "boom" de las "energías verdes". En tal sentido, Brasil y Costa Rica firmaron en julio pasado un acuerdo para la producción de biodiésel en el país centroamericano a partir de tecnología brasileña. Al mismo tiempo, El Salvador fue elegido como país piloto para emprender una estrategia productiva conocida como "Programa Nacional de Etanol", la cual será financiada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Otros países que están trabajando intensamente para convertirse en importantes productores de etanol son Argentina, Colombia, Ecuador, México, Perú, República Dominicana y hasta Venezuela (públicamente opositor de los biocombustibles).

Aún más, el BID otorgó en julio pasado un préstamo por un monto de 269 millones de dólares para la construcción de tres plantas de etanol en Brasil. Según el Presidente de la institución financiera, Luis Alberto Moreno, ya han sido evaluadas todas las variables para garantizar que la producción sea realmente sostenible. Cabe destacar que el informe de Mitchell no encuentra relación entre el etanol a base de caña de azúcar producido en Brasil, y el aumento en el precio de los alimentos.

Biocombustibles: ¿motor de desarrollo rural para el continente?

Desde el punto de vista económico-social, genera desconfianza el argumento de que la producción intensiva de biocombustibles en la región puede contribuir a potenciar el desarrollo rural, y a frenar la migración del campo a la ciudad. Ese ha sido uno de los argumentos de la industria de los biocombustibles para rebatir las acusaciones por las alzas en los precios de los alimentos.

Al respecto, se ha sugerido que la producción en masa de biocombustibles podría propiciar el latifundismo y la concentración de grandes capitales[7]. Esto debido a que el tipo de producción para biocombustibles en realidad favorece a la gran agroindustria, es decir, a mega plantaciones, mayoritariamente de producción mecanizada. De hecho, para finales de 2006, el BID recomendaba efectuar un análisis exhaustivo de aspectos considerados como cruciales; ello antes de que la región latinoamericana se volcara sobre la producción intensiva de biocombustibles. Tres aspectos clave para la producción eran: el acceso al mercado internacional, la innovación en la producción de materias primas y la manera en que los programas tenían que ser diseñados para que fueran inclusivos.

En cuanto al primer punto, se ha dicho que mientras exista demanda global de biocombustibles, el negocio marchará sobre ruedas para los latinoamericanos. Lo anterior debe evaluarse dentro del marco del estado actual en la Ronda Doha de las negociaciones para la reducción de los aranceles para los biocombustibles. No debemos olvidar que Brasil, el gigante productor de biocombustibles a partir de caña de azúcar, no ha logrado materializar su pretensión de incluir los biocombustibles dentro de la lista de "bienes ambientales", y enfrenta la oposición de Australia, Japón, la UE y los EE.UU., entre otros. Por otro lado, debido a que no hay intenciones por parte de estos dos últimos países de reducir los altos subsidios a la producción de biocombustibles, la ventaja comparativa de los países latinoamericanos se termina minando.

Precisamente y en relación al segundo punto, se ha esgrimido que la región cuenta con una ventaja comparativa natural inigualable para la siembra de la caña de azúcar.

Respecto al tercer punto, ¿se estarán tomando las previsiones para que la empresa sea verdaderamente inclusiva?  Queda sin solucionar el hecho de que la región, al menos Centroamérica, recientemente se planteó intenciones de reactivar su producción doméstica de granos para consumo local. ¿Pero se ha previsto que ese proyecto no riña con la producción de biocombustibles? Este es un análisis que nuestros gobiernos deben abordar de manera cautelosa, con visión y respaldo técnico, más allá de si se trata de negocio prometedor.

[1] Ver Etanol ¿panacea económica y ecológica? Puentes Entre el comercio y el desarrollo sostenible, Vol. VIII No. 2 mayo 2007.

[2]Mitchell D. (2008). A Note on Rising Food Prices. Washington D.C., Banco Mundial.

[3] U.S. Department of Energy & U.S. Department of Agriculture (2008). Responses to Questions From Senator Bingaman. Washington DC.

[4] La UE, al igual que los EE.UU., se planteó la meta de aumentar la utilización de biocombustibles para el transporte. Para el 2020 la UE planea que el 10% de sus combustibles sean de biocombustibles. El informe del profesor Ed Gallagher (julio de este año) concluye que la correlación entre el aumento del precio de los alimentos y la producción de biocombustibles es más fuerte de lo que se estimaba. Por ello recomienda a la UE ralentizar su plan de introducción de biocombustibles para que esto conlleve a una mayor inversión en investigación en los llamados biocombustibles de segunda generación.

[5] Banco Mundial. (julio 2008). Biocombustibles y alza de precios de los alimentos.  Consultado el 17 de agosto en http://go.worldbank.org/DAA82N6NG0

[6] Urbanchuk, J. (2008) A Critique of World Bank Working Paper "A Note of Rising Food Prices". Disponible en http://www.ethanolrfa.org/objects/documents/1812/lecg_work_bank_critique...

[7] Ver por ejemplo Pfaumann, P. (2006). Biocombustibles ¿La formula mágica para las economías rurales de ALC? Washington D.C., Banco Interamericano de Desarrollo.

This article is published under
30 September 2008
Organizaciones representantes de la sociedad civil colombiana apoyadas por una coalición internacional de grupos que abogan por la salud pública, han solicitado al gobierno de Colombia que otorgue...
Share: 
30 September 2008
El colapso de la negociación de Doha generó desconcierto en el seno de la Organización y dejó secuelas en actores regionales como el Mercosur, que una vez más mostró algunos cortocircuitos. Durante...
Share: