Efectos económicos de los desastres naturales: una revisión desde América Latina

16 July 2010

Suyen Alonso Ubieta
Gustavo Salas Orozco

Los terremotos en Haití y Chile, las sequías e inundaciones en Venezuela, Ecuador y Brasil, el paso de la Tormenta Agatha en suelo centroamericano, así como otros desastres naturales ocurridos durante este año en la región de Latinoamérica y el Caribe, vuelven vulnerables a las actividades socio productivas que el ser humano realiza, con impactos claros en el medio ambiente y la economía.

El conteniente americano abarca importantes placas tectónicas sobre la cuenca del Océano Pacífico, convirtiéndose así en una zona sísmica y altamente volcánica. Sus montañas, sus diversos climas y su compleja hidrografía hacen que se presenten a menudo inundaciones, deslizamientos de tierra, huracanes, incendios y sequías. Es la posición geográfica de América Latina, en conjunto a los de por sí conocidos efectos del cambio climático, lo que ha ocasionado una región vulnerable a los diferentes episodios producto de los desastres naturales.

Las economías latinoamericanas en general se caracterizan por tener una base económica concentrada en el sector agrícola, pecuario y/o pequeñas o medianas empresas. Tras un desastre natural, el comercio generado por estos sectores enfrenta problemas debido a la necesidad de asumir los costos asociados a reconstrucciones, acciones de adaptación, o simplemente parálisis de la producción. La pérdida de infraestructura, producción y/o cosechas destinadas a la exportación se encuentran dentro de los impactos que deben enfrentar las economías locales ante los embates de la naturaleza.

Terremotos: Impactos diferenciados de un mismo fenómeno

Un fenómeno natural que se presentó en nuestra región en dos lugares pero con impactos y respuestas distintas fue el terremoto. Los eventos telúricos ocurridos en Haití el 12 de enero y en Chile el 27 de febrero, reflejaron las dos caras del continente latinoamericano.

Haití sufrió la devastación de su infraestructura y la muerte de más de 300.000 personas. Esta situación llamó la atención de la comunidad internacional, que con defensores y detractores, realizó una de las mayores campañas de cooperación y coordinación internacional para atender a los ocho millones de habitantes del país más pobre de Latinoamérica.

En el año 2009 la nación insular se encontraba en una época de estabilización tras el intenso periodo de ciclones del 2008 (Hanna, Ike, Fay y Gustav) y el paso del huracán Dean en el 2007. En el 2009, aún en el contexto de crisis internacional, los indicadores económicos de este país mejoraron. La inflación se redujo de 19,8 a 14,4% en comparación al 2008 y la economía creció en un 2% debido al proceso de reactivación de la agricultura. No obstante ese “relativo” buen desempeño económico, el terremoto de enero de 2009 evidenció una realidad donde los desastres naturales, como factores externos pero sumados a la fragilidad económica y política de ese país, pesan fuertemente en el desarrollo.

Según el recién publicado informe Plan de acción para la recuperación y el desarrollo de Haití, el valor total de los daños y pérdidas consecuencia del terremoto se estima en US$ 7.900 millones, que equivale a poco más del 120% de su PIB en el 2009. El valor de las pérdidas en activos materiales (vivienda, escuelas, hospitales, edificios, carreteras, puentes, aeropuertos) se calcula en US$ 4,3 miles de millones, aproximadamente un 55% de los efectos totales del terremoto.

Además de los daños estructurales, otra preocupación que surgió en días posteriores al evento se relaciona con el tema la seguridad alimentaria. Según el Director General de la FAO, Jacques Diouf, después del terremoto la atención se centró – idóneamente – en ayuda alimentaria, servicios médicos y abrigo; pero al no implementar acciones rápidas en el tema agrícola, la capacidad de autoalimentarse se mantenía en peligro

La principal inquietud de organismos como la FAO es la implementación de un programa de rescate de las necesidades agrícolas inmediatas de Haití, estimado en US$ 70 millones, y del cual a marzo de 2010 sólo había sido recibido el 17% de los fondos; esto a pesar de que requerían estar disponibles antes de los meses fuertes de siembra, de marzo hasta mayo, período durante el cual se obtiene el 60% de la producción agrícola total de Haití. Se estima que en el sector agrícola las pérdidas son de aproximadamente US $ 1.000 millones.

En Chile, por el contrario, sólo colapsó una proporción moderada de la infraestructura y la cifra de muertos – aunque lamentable – no fue tan elevada. Para el caso chileno, y en parte porque las acciones de cooperación estaban aún centradas en Haití, el gobierno del país austral no hizo el llamado de la ayuda internacional sino hasta después de varios días de haber ocurrido el terremoto. Esta es una de las más fuertes críticas a la respuesta que se dio tras el terremoto de febrero.

La estimación del monto de reconstrucción asciende aproximadamente a los US$ 30 mil millones, de los cuales dos tercios se destinarían para la reconstrucción de 500 mil viviendas; US$ 4,000 millones para la reparación de hospitales; y otros US$ 6,000 millones para la reconstrucción de carreteras, aeropuertos y puentes. En otros términos, equivaldría a una inversión del 18% del PIB de Chile al 2009.

Por lo demás, el impacto en los proyectos y actividades económicas en Chile fue evidente. Casos concretos se evidencian en el sector febril y de recursos naturales. Según el Instituto Nacional de Estadísticas de Chile (INE), como consecuencia del desastre se da una baja en los sectores ligados a los recursos naturales (pesca y forestales), y aquellos ligados a la industria y servicios de educación y propiedad de vivienda. La producción industrial del país descendió un 17,4% durante el mes de marzo respecto al mismo periodo del 2009 debido, principalmente, a los graves daños que sufrieron las industrias de las regiones del Biobío y del Maule, lo que significó la caída más grande reportada en este indicador.

El índice de producción del primer trimestre del 2010 descendió 6,4% debido, en gran parte, a la disminución fabril de marzo y a los efectos del terremoto y maremoto en la capacidad productiva del país. Al bajo ritmo industrial de marzo se suma la merma de los sectores agropecuarios, silvícola y pesca, también afectados por el terremoto, según señaló el INE en su informe.

Meses atrás el Banco Central chileno informaba que el crecimiento económico para el 2010 se reduciría entre un 1% y un 1,5% a raíz del terremoto. Muchos proyectos e inversiones fueron reprogramados o sufrieron demoras. Sin embargo, el último dato de 4,6% en el crecimiento de la actividad económica en el mes de abril vislumbra un mejor desempeño de la economía chilena pese a la catástrofe sufrida.

En particular el repunte chileno estará sustentado por la inversión en infraestructura, la cual en un 71% es de origen privado, y se espera cierre con un aumento de 9,6% frente al año 2009, según informó recientemente la Cámara Chilena de Construcción. Sin embargo, existen varios retos que el gobierno chileno deberá afrontar en el tema de vivienda. La mayoría de países latinoamericanos aplica modelos de subsidios para la adquisición de vivienda,con el fin de impulsar el sector construcción y brindar oportunidades a las familias de ingresos medios y bajos a tener un techo. Este año el gobierno de Chile tiene presupuestado otorgar 65 mil viviendas subsidiadas, de las cuales se habían asignado hasta abril un balance parcial de 13 mil. Además, a raíz del terremoto se creó un subsidio de reconstrucción para 140 mil viviendas, aunque hasta abril sólo se habían asignado 400. Actualmente el Congreso chileno debate un plan de reconstrucción que incluye medidas para agilizar la aprobación de proyectos y la adjudicación de subsidios.

Fuertes sequías obligan a implementar opciones alternativas

Las recientes sequías sufridas en Venezuela y Ecuador a finales de 2009 e inicios de 2010 pusieron bajo presión a las economías de estos países. En el caso venezolano, el gobierno implementó desde comienzos de año un racionamiento del consumo de energía. El llamado Plan Nacional de Racionamiento Eléctrico establecía horarios para realizar los cortes de energía así como multas a empresas que desperdiciaran energía o mantuvieran un consumo elevado.

Estas medidas incrementaron otro tipo de costos que afectaron directamente la economía venezolana. El límite en el consumo de energía provocó que las empresas no pudieran usar toda su capacidad de producción, punto que algunos esgrimen como una de las razones del desabastecimiento del mercado local.

Sin embargo, en junio de 2010 el gobierno venezolano informó la suspensión de dicho plan dado el restablecimiento de los niveles del embalse del Guri, proveedor del 70% de la energía eléctrica que consume el país, así como la implementación paralela de proyectos de generación energética. Críticos han señalado que en la caso de Venezuela, pese a que la sequía sufrida ha sido de las peores registradas en la historia del país sudamericano, la principal razón de la crisis energética fue el abandono gubernamental en la inversión en proyectos de generación e infraestructura eléctrica.

El levantamiento de la medida, según informó el mismo presidente Hugo Chávez, no elimina la posibilidad de realizar cortes en horas picos en el caso en que se dé un incremento de la demanda por encima de la capacidad de generación, u otros posibles escenarios que pongan en riesgo la integridad del sistema de transmisión de energía.

Esta situación pone de manifiesta la necesidad de crear un sistema integrado de transmisión energética en Latinoamérica. Recordando la situación similar que vivió Ecuador a comienzos del presente año, y la manera como pudo solventar la presión sobre su sistema de generación eléctrica mediante la compra de energía desde el Perú y Colombia. La red eléctrica, al menos en el caso de los países andinos, permite la compra y venta de energía. Esfuerzos similares se realizan en otros países del Cono Sur. Por ejemplo, se conoció que el bloque regional del Mercado del Sur (Mercosur) aprobará en julio próximo, durante su cumbre semestral, la financiación de un proyecto de interconexión eléctrica entre Uruguay y Brasil con recursos provenientes del Fondo para la Convergencia Estructural (Focem) del bloque. Este fondo, iniciado a finales de 2006, tiene un presupuesto anual de US$ 100 millones para obras en Paraguay y Uruguay, catalogados como las economías menores del bloque.

En la misma línea la Corporación Andina de Fomento (CAF) realizará un estudio de prefactibilidad para la construcción de la interconexión gasífera entre Uruguay, Paraguay y Bolivia. Este último es considerado uno de los países con mayores reservas de gas del continente, y dicha iniciativa se perfila como otro esfuerzo más de cooperación Sur-Sur.

Prevención y alerta temprana: Los retos para América Latina y el Caribe

La región latinoamericana tiene dentro de sus principales tareas por resolver el poder crear un sistema integral de respuesta a desastres naturales. Si bien los organismos multilaterales destinan recursos para la prevención y atención de desastres, se continúan sufriendo pérdidas económicas importantes en diversos lugares. Esto ya que los recursos gubernamentales son limitados y en realidad existen otras prioridades que los gobiernos latinoamericanos intentan cumplir. El efecto de esto es un costo económico y social mayor en las áreas afectadas por los desastres, que va directamente sobre el presupuesto público de los gobiernos.

La temporada de tormentas tropicales que se avecinan en el Caribe, el derrame de petróleo en el Golfo de México, el creciente aumento en los niveles de las lluvias en la temporada invernal que ya comenzó, son eventos que sobrepasan las capacidades de reacción de los gobiernos y ponen de manifiesto que la cooperación regional en el tema medioambiental es crucial.

Es de resaltar que aunque en la región hay una estructura institucional concerniente al tema de prevención y atención de desastres, como por ejemplo lo son: el Comité Andino para la Prevención y Atención de Desastres (CAPRADE), el Centro de Coordinación para la Prevención de los Desastres Naturales en América Central (CEPREDENAC), la Asistencia Humanitaria del Mercosur (REHU) y la Agencia Caribeña de Gestión de Emergencias por Desastres (CDEMA –CARICOM), organismos que además de plantear estrategias, intercambian información y experiencias, aún hace falta mayor coordinación en esta materia.

Los desastres naturales no son previsibles: no es posible determinar con exactitud cuándo ocurrirá uno de ellos o el impacto que supondrá. Sin embargo, ahora que el planeta se manifiesta, es prioritario impulsar una política regional que esté orientada a la prevención de los mismos y a la creación de medidas y estrategias que mitiguen los impactos sociales y económicos. De no ser así, la región encontrará importantes obstáculos, sumados a los que sufre actualmente (pobreza, desempleo, inflación, inseguridad, deuda externa). Aquellos países que adopten la seguridad ambiental y la prevención y respuestas a estos fenómenos como una forma de vida, tendrán mejor posibilidad de reaccionar ante estos fenómenos poco predecibles.

Editores de las publicaciones Puentes, Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible (CINPE).

CEPAL (2010). Evaluaciones económicas y Sociales de desastres en Haití 2004-2008 (enero de 2010). Disponible en http://www.eclac.cl/mexico/noticias/noticias/6/38326/ResumenEvaluacionesHaiti.pdf

CEPAL (2010). Balance preliminar de las economías de América Latina y el Caribe. Disponible en http://www.eclac.cl/prensa/noticias/comunicados/3/38323/Haiti_2009_factsheetrev.pdf

CEPAL (2010). Plan de acción para la recuperación y el desarrollo de Haití. Disponible en http://www.eclac.cl/mexico/noticias/noticias/0/38920/Action_Plan_Spanish.pdf

Diouf, Jacques (2010). Para evitar un nuevo desastre en Haití. Consultado el 16 de junio en http://www.rlc.fao.org/es/prensa/opinion/art10.htm

Agro Haití con pérdidas por US$ 1,000 millones (2010, 28 de enero). El Caribe. Consultado el 14 de junio en http://www.elcaribe.com.do/site/index.php?option=com_content&view=article&id=234936:agro-haiti-con-perdidas-por-us1000-millones&catid=123:dinero&Itemid=142

Instituto Nacional de Estadísticas (2010). Documento de trabajo Trimestre 2010. Disponible en http://www.ine.cl/canales/ menu/publicaciones/estudios_y_documentos/pdf/11_06_10/
ciclos_econom_abr_10_pag.pdf>

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