OPINIÓN: La Ronda Doha a terapia intensiva

16 May 2011

Timothy A. Wise*

El impasse en la Ronda Doha de la OMC continúa a tal punto que el siempre optimista Director General, Pascal Lamy, después de otro plazo vencido en búsqueda de concesiones, admitió que no hay avances y que son pocas las bases para conformar un acuerdo. La Ronda Doha está en terapia intensiva hasta que él y otros poderes de la OMC evalúen aquello que pueden rescatar luego de más de 10 años de negociaciones.

Esta terapia intensiva no es una cura para todas las dolencias de la Ronda Doha. Como una y otra crisis han golpeado a la economía global, la OMC ha caído en la irrelevancia. Las nuevas demandas de acceso a mercado por parte de EE.UU. y otros países desarrollados podrían tener sentido a nivel nacional, pero no ayudan en nada a que la Ronda Doha cumpla con su promesa inicial de desarrollo. Dejen a la Ronda Doha en terapia intensiva, o denla por muerta. En todo caso, debemos mirar a la crisis para recordar por qué el desarrollo es relevante y por qué el sistema multilateral de comercio es importante en la compleja economía global, que enfrenta múltiples desafíos no por la poca liberalización, sino por el exceso de la misma.

La ex negociadora de EE.UU., Susan Schwab y otros han señalado la falta de voluntad de Brasil, China e India para hacer concesiones en consonancia con su creciente importancia económica, pero esa no es la razón por la cual la Ronda Doha está en terapia intensiva. Su creador, la OMC, encargado de desarrollar un sistema comercial multilateral justo y legítimo se ha quedado atrás, pues los eventos económicos del mundo la han rebasado, por lo que sus palabras sobre los beneficios de la liberalización suenan vacías hoy en día.

Los negociadores comerciales siguen hablando de una mayor desregulación para los servicios financieros, a pesar de que la crisis financiera global fue causada por una débil regulación de dichos mercados. Esa misma falta de regulación dio paso a la especulación de productos básicos, que contribuyó a dos oleadas de subidas de precios de los alimentos, e incrementó el hambre en los países en desarrollo. Como Jayati Ghosh escribió recientemente, estos países eran los más vulnerables precisamente por la liberalización previa.

El mundo ha superado la Ronda Doha. Peor aún, desde la perspectiva de los países en desarrollo, las promesas de desarrollo que los hicieron participar en Qatar ya fueron dejadas de lado. Debe recordarse que los principios de "trato especial y diferenciado", mediante el reconocimiento formal de que los países en desarrollo merecen una mayor flexibilidad política; y "reciprocidad menos que plena", que implica que los países ricos deben conceder más de lo que piden si se quiere cumplir la promesa de desarrollo, están plenamente consagrados en la Ronda. Como Martin Khor del South Centre escribió, "casi no queda ningún contenido de desarrollo" en la Ronda, y es cierto.

Aún así, Ron Kirk, actual representante de comercio de EE.UU., quiere la total liberalización por parte de las economías emergentes en sectores industriales clave. Mientras tanto, los productores de algodón de África diariamente pierden participación en el mercado, a la vez que el gobierno estadounidense recurre a todas las tácticas para evitar implementar un fallo condenatorio de la OMC a sus programas de apoyo agrícola. Estas tácticas incluyen subsidiar a los productores agrícolas de Brasil con la intención de comprar tiempo para conducir las reformas en casa, una medida que sólo exacerba el daño económico a los agricultores africanos.

Sin duda, Doha merece su suerte. Después de todo, las proyecciones económicas muestran pocas ganancias para los países en desarrollo, y posiblemente altos costos en términos de pérdida de ingresos arancelarios y espacio de política. Las cifras del Peterson Institute, que han sido ampliamente citadas por los defensores de Doha, ascienden a US$ 300-700 mil millones basándose únicamente en suposiciones heroicas de avances en servicios, sectoriales y otras áreas.

Sin embargo, vale la pena contar con una visión más amplia y menos apasionada. Como la historia reciente nos sigue demostrando, es improbable que se obtengan nuevas concesiones comerciales durante la actual recesión global. Ante nuevas y enormes cifras de pobreza y desempleo, los negociadores de la OMC acuden a la mesa de negociación menos dispuestos (y con menos capacidades políticas) para otorgar cualquier concesión que pueda ser percibida como una pérdida de puestos de trabajo a nivel nacional.

En ningún lugar esto es más cierto que en EE.UU., donde la Administración Obama ha aprovechado los acuerdos comerciales como una forma de abrir mercados, expandir las exportaciones y crear empleos en una economía lenta. Es debatible si estos puestos de trabajo en realidad serán creados por un acuerdo exitoso de Doha, o por tratados de libre comercio con Corea del Sur, Colombia y Panamá, o por las negociaciones para un Acuerdo Transpacífico con los países de la Cuenca del Pacífico. No obstante, las nuevas demandas estadounidenses para obtener mayores concesiones llegan a oídos sordos, pues todos los gobiernos están en las mismas circunstancias de proteger el empleo nacional durante la presente crisis.

En retrospectiva, los negociadores de la OMC probablemente debieron haber decretado una pausa en 2008, una vez que la crisis financiera azotó con fuerza. El mundo no necesitaba una nueva ronda de liberalización y desregulación, y nadie iba a hacer las concesiones necesarias para llegar a un acuerdo. Teníamos que evitar una nueva ronda de proteccionismo, y la mayoría de la evidencia sugiere que eso se alcanzó, y que no fue un logro pequeño. Los negociadores podrían haber usado esa pausa para centrarse en la recuperación posterior a la crisis y para regular los sectores que causaron estragos.

Pero, ¿cuáles son entonces las opciones? Sea que los negociadores decidan o no enterrar la Ronda Doha, el sistema multilateral de comercio requiere de unos cuantos actos de buena fe. Como Schwab y otros comentadores han indicado, hay varias partes que podrían ser acordadas por sí mismas: facilitación del comercio, restricciones a los subsidios a la exportación en agricultura, créditos y otras medidas, reducciones a los subsidios a la pesca, y acceso a tecnologías "verdes".

La lista de Schwab podría ser un buen comienzo. No obstante, los países desarrollados deben ir más allá si quieren mantener cierto nivel de confianza en el sistema multilateral. Acceso a mercado libre de aranceles y de cargas para los países menos adelantados es tal vez el símbolo más importante de la promesa de desarrollo de la Ronda Doha, la cual debe ser alcanzada. Asimismo, también debe ocurrir un rápido cumplimiento de EE.UU. en lo que respecta a algodón, el cual debía recibir un trato acelerado en las negociaciones.

Por último, y quizás lo más importante, es que debe haber una moratoria sobre nuevos acuerdos bilaterales y regionales  de comercio y de inversión, los cuales han sido denunciados por Jagdish Bhagwati y otros analistas económicos. Éstos generan desviación del comercio, aumentan el "tazón de espagueti" de regulaciones comerciales, y permiten que los EE.UU., la Unión Europea y otras naciones poderosas obtengan determinadas concesiones de los socios comerciales más débiles que nunca lograrían en la OMC. En otras palabras, cada nuevo acuerdo bilateral socava el impulso para un acuerdo comercial multilateral.

Sea que dicho acuerdo surja de una Ronda Doha revivida, o de su sucesor, el mundo todavía necesita que las normas comerciales multilaterales sean justas, reconozcan las necesidades especiales de los países en desarrollo, y correspondan a la realidad económica actual.

Director de Investigación de Políticas en el Global Development and Environment Institute de la Universidad de Tufts, en Estados Unidos. Es colaborador habitual de Triple Crisis Blog.

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