Venezuela: renta petrolera, socialismo del siglo XXI y comercio exterior agroalimentario

12 February 2014

El presente artículo tiene como objetivo fundamental analizar la evolución y los cambios que se han producido en el comercio exterior agroalimentario de Venezuela durante el período 1998-2012 en el marco de una economía de capitalismo rentístico, de una nueva estrategia de desarrollo nacional (socialismo del siglo XXI) y de una política económica fuertemente intervencionista.[1]

Venezuela es una economía de capitalismo rentístico,[2] esto es, un modelo de acumulación de capital que se sostiene con la captación permanente y en cuantías importantes en el mercado internacional de una renta de la tierra gracias a la fertilidad de sus yacimientos de petróleo.

La renta petrolera no tiene contrapartida en esfuerzo productivo nacional, pero aporta recursos adicionales. Esto permite niveles de consumo e inversión superiores, sin que en la sociedad se haya dado un incremento de la productividad y del ahorro.[3]

El capitalismo rentístico se caracteriza por exceso de empleo público, baja presión tributaria, mayor importancia del Estado en la inversión total, poca correlación positiva entre las variaciones de los salarios reales y de la productividad media del trabajo. En particular, dos características relevantes del capitalismo rentístico son: a) la tendencia a apreciar el tipo de cambio real (TCR), lo cual le resta competitividad a los bienes transables no petroleros (entre ellos los bienes agroalimentarios) y; b) la renta petrolera la capta directamente el Estado propietario de los yacimientos de petróleo. Esto le permite una alta autonomía financiera y lo convierte en distribuidor directo del ingreso rentístico, surgiendo un desbalance de poder entre el Estado y los ciudadanos a favor del primero, con consecuencias negativas para el funcionamiento de la economía y para el desarrollo de instituciones de calidad que establezcan los equilibrios económicos.

A partir de 1999, con la llegada al poder del nuevo gobierno, fuertemente crítico de las políticas económicas con orientación de mercado, se inició un periodo de reversión de las reformas instrumentadas en la última década del siglo XX. La intervención del Estado en la economía se profundizó a partir de 2003, año en que se decretó el control de cambios y de precios luego de una crisis política que afectó fuertemente la producción petrolera y la economía.

Desde 2003 y hasta el presente, en medio de una larga bonanza petrolera y de una estrategia de desarrollo denominada socialismo del siglo XXI, ha persistido un entorno caracterizado por controles del tipo de cambio, de precios, de las tasas de interés, del comercio exterior, expropiaciones, confiscaciones y nacionalizaciones de empresas en un contexto institucional de baja calidad y de poco respeto por los derechos de propiedad.

El socialismo del siglo XXI,[4] desde 2005 en adelante, dio contenido ideológico a la creciente intervención del Estado en la economía. Forman parte del núcleo central de la propuesta: a) la democracia directa, participativa y protagónica de los ciudadanos, libres de explotación, no dominados ni alienados por el Estado; b) el intercambio de valores equivalentes para que cada ser humano reciba un equivalente de lo que aportó a la producción de bienes y servicios; y c) el control social de los medios de producción y de las actividades estratégicas por el Estado. Otros elementos importantes del modelo económico del socialismo del siglo XXI son la concepción del desarrollo endógeno de la economía, la adopción del concepto de soberanía agroalimentaria, con una política de comercio exterior que protege la producción nacional y fomenta exportaciones una vez satisfecha la demanda interna.

En este contexto, durante el período 1998-2012, la economía venezolana ha presentado resultados que se resumen en: a) un nivel de crecimiento del producto interno bruto per cápita (PIBPC) de apenas 1%, inferior al que tuvo América Latina y el Caribe (ALC) para ese mismo período (2%); b) un crecimiento económico volátil, cada vez más dependiente de la renta petrolera, del gasto y la inversión pública. Entre tanto se ha reducido la inversión privada nacional y extranjera debido a los controles de precios, el tipo de cambio y la incertidumbre que genera la baja calidad del marco institucional; c) un crecimiento negativo, -0,5% como promedio anual de la producción de bienes transables no petroleros (agricultura, manufactura y minería); d) fuertes desequilibrios macroeconómicos que se reflejan en un creciente déficit fiscal, una tasa oficial de cambio muy inferior a la que existe en el mercado ilegal, una disminución de reservas monetarias internacionales y una alta tasa de inflación, la más elevada de ALC en 2013 (56,2%); e) escasez persistente y surgimiento de mercados ilegales debido a que los controles de precios impiden el equilibrio entre oferta y demanda y; f) importaciones crecientes y volátiles, dependientes del ciclo petrolero. Las importaciones han aumentado, impulsadas por el menor crecimiento de la producción doméstica de transables en relación al aumento de la demanda agregada interna y por la apreciación del tipo de cambio real que las abarata.

En particular, las importaciones aumentaron desde US$ 16.755 millones en 1998 a US$ 58.775 millones en 2012. Por otro lado, la tendencia natural de la economía de capitalismo rentístico a apreciar el TCR en combinación con las restricciones administrativas y la falta de políticas para promover las exportaciones no petroleras hizo que el valor de estas disminuyera desde US$ 5.529 millones en 1998 a US$ 4.123 millones en 2012. Este mismo año, el 95,7% del valor total exportado correspondía a exportaciones petroleras mientras que en 1998 estas aportaban el 68,8%, por lo que puede afirmarse que Venezuela ha profundizado su dependencia del petróleo.

En resumen, las políticas económicas y el marco ideológico e institucional de los últimos años han fortalecido el rol del Estado en la economía y su dependencia de la renta petrolera y se han agravado los desequilibrios macroeconómicos.

A pesar del socialismo del siglo XXI, Venezuela es todavía una economía capitalista, aunque fuertemente intervenida por el Estado. Por el énfasis distributivo de las políticas y la subestimación de sus consecuencias inflacionarias y el logro de equilibrios macroeconómicos, es probable que la experiencia venezolana de estos años, antes que un caso de socialismo sea recordada como un nuevo fracaso del populismo macroeconómico.[5]

La evolución y los cambios en el comercio exterior agroalimentario
Venezuela, gracias a la renta petrolera, ha tenido suficientes divisas para importar alimentos, lo que sumado a la ausencia de políticas apropiadas para incrementar la producción de alimentos lo convirtió en un país con una alta dependencia de las importaciones agroalimentarias (MAA).

Según el criterio de Schejtman,[6] Venezuela es un país con autonomía alimentaria crítica, pues las calorías de procedencia importada en relación a la disponibilidad total tradicionalmente supera el nivel crítico de 30%. Esto tiene consecuencias negativas para la seguridad alimentaria nacional, pues en períodos de bajos precios del petróleo se reduce la disponibilidad de divisas, bajan las MAA y la disponibilidad total de alimentos.

Entre 1998 y 2012, al igual que sucedió con las importaciones totales, hubo un fuerte incremento de las MAA. Dicha alza se corresponde con el pésimo resultado de la producción agroalimentaria nacional, insuficiente para compensar el aumento de la demanda de alimentos, especialmente desde 2003 en adelante. En el periodo citado, el PIB per cápita agrícola apenas aumentó a la tasa media anual del 0,1%, mientras que el de la industria de alimentos decreció en promedio -0,9%.

Entre los cambios que más se pueden resaltar en el comercio exterior agroalimentario destacan los siguientes:

    • Un importante crecimiento de las importaciones agroalimentarias y un desplome de las exportaciones agroalimentarias (XAA), lo que agravó el tradicional déficit de la balanza comercial agroalimentaria desde US$ -1.177 millones en 1998 a US$ -8.099 millones en 2012.

    • El valor de las MAA creció desde los US$ 1.766 millones (1998) a los US$ 8.122 millones (2012) y el peso de las MAA en las importaciones totales aumentó desde 11% en 1998 a 14,7% en 2012. La apreciación del TCR, el estancamiento de la producción doméstica de alimentos y el aumento del PIB per cápita son las variables que explican el alza de las MAA.

    • Un rasgo particular de las MAA es su inestabilidad dada la volatilidad de la renta petrolera. El coeficiente de variación de las MAA per cápita fue en 1990-1998 de 18,5%, pero en el período 1999-2012 fue de 37,0 %.

    • Las partidas arancelarias con mayor crecimiento en volumen de MAA entre 1998-2012 fueron: café, carne bovina congelada, arroz paddy, carne bovina refrigerada, animales vivos de la especie bovina, carne de aves (principalmente pollo), leche y nata crema (principalmente leche pulverizada), grasas y aceites de origen vegetal (principalmente aceite de soya y margarina), azúcar cruda, residuos y desperdicios de la industria alimentaria (principalmente tortas de soya para fabricar alimentos para animales), maíz amarillo y maíz blanco. En 1998, Venezuela tenía pleno abastecimiento (o casi en su totalidad) o era exportador de algunos de los rubros que ahora se importan (carne bovina, arroz, maíz blanco y café). Esta situación es estimulada por la apreciación del TCR que abarata artificialmente las MAA y encarece las XAA.[7] Como resultado, el país deja de producir alimentos y rubros agrícolas para los cuales tiene ventajas comparativas, crece la ineficiencia económica, aumenta el déficit de la balanza comercial agroalimentaria y se generan menos empleos.

    • La nueva tendencia es que las MAA son realizadas directamente por el Estado venezolano, disminuyendo el rol del sector privado. Esto incide negativamente en los mercados agroalimentarios porque el Estado es lento para importar, no tiene conocimiento de los mercados ni de las preferencias de la agroindustria y de los consumidores.

    • Hubo cambios en los principales países proveedores de MAA para Venezuela. En 1998, los primero cinco países origen de MAA fueron: Estados Unidos (26,7%), Argentina (13,3%), Colombia (9,8%), Canadá (7,3%) y Reino Unido (7,1%). Esos países aportaban el 64,2 % de las MAA. En 2012, los cinco principales proveedores de MAA para Venezuela fueron: Brasil (22,4%), Estados Unidos (16,7%), Argentina (13,7%), Colombia (7,3%) y Nicaragua (5,0%). Estos países aportaban el 65,1% del total de MAA. Obsérvese que ahora, países con gobiernos ideológicamente afines al de Venezuela (Brasil, Argentina y Nicaragua) no solo aumentaron su importancia relativa como origen de MAA, sino que además figuran entre los primeros cinco proveedores, siendo Brasil el más importante. Entre tanto, Estados Unidos y Colombia disminuyeron su importancia relativa y Canadá dejó de figurar entre los primeros cinco proveedores.

    • Sobre las exportaciones agroalimentarias conviene destacar su continua merma desde 1998 con US$ 596 millones, cuando alcanzaron su valor máximo, hasta llegar en 2012 a US$ 23 millones. La disminución de las XAA puede atribuirse a la fuerte apreciación del TCR, las restricciones para exportar (prohibiciones, retardos en entrega de certificados sanitarios, de valor agregado, de suficiente abastecimiento, otros) y la ausencia de una política de promoción de exportaciones. No obstante, debido a los controles de precios y a que el precio oficial de la divisa es inferior al que existe en el mercado paralelo, las exportaciones ilegales (contrabando) hacia países vecinos (Colombia, Brasil, Islas del Caribe) han aumentado.

Recomendaciones de acción
Se requiere una nueva estrategia de desarrollo que diversifique la economía, redefina el rol del Estado y abra espacios para la inversión privada. Es necesaria una política económica que libere los precios y el mercado cambiario, evitando la apreciación del TCR para mejorar el funcionamiento de los mercados e incrementar la producción de bienes transables (entre ellos los agroalimentarios).

Se precisa además un marco institucional que garantice los derechos de propiedad y que estimule la inversión privada (nacional y extranjera). La política comercial debe ser menos discrecional y proteccionista, orientada a aprovechar las ventajas comparativas para sustituir importaciones eficientemente (entre ellas las MAA) mientras que se fomentan exportaciones no petroleras (entre ellas las XAA).

El cambio en la estrategia de desarrollo solo será exitoso si se reduce la dependencia del petróleo, se fomenta una mayor coordinación entre el Estado, el sector privado y los mercados en un contexto institucional que transfiera protagonismo a las regiones y a los ciudadanos para que sean estos quienes controlen al petro-Estado central y se establezca un nuevo balance de poder.

[1] Este artículo ha sido adaptado de un estudio más extenso que se puede encontrar en Gutiérrez, A. (2013). Venezuela: renta petrolera, socialismo del siglo XXI y comercio exterior agroalimentario. Documento presentado en la conferencia Comercio agrícola y América Latina: Cuestiones, controversias y perspectivas, celebrada del 19 al 20 de septiembre en Buenos Aires, Argentina.

[2] Ver Baptista, A. (2010). La teoría económica del capitalismo rentístico, (2º edición). Caracas, Venezuela: Banco Central de Venezuela.

[3] Mommer, B. (1988). La economía venezolana: de la siembra del petróleo a la enfermedad holandesa. Cuadernos del Cendes, (8), 36-56.

[4] Para los aspectos teóricos del socialismo del siglo XXI ver Dietrich, H. (2007). El socialismo del siglo XXI.

[5] Dornbusch, R. y Edwards, S. (1991). La macroeconomía del populismo. En R. Dornbusch, & S. Edwards (Comp.), Macroeconomía del populismo en la América Latina (pp. 15-23). Ciudad de México, México: FCE.

[6] Schejtman, A. (1994). Economía política de los sistemas alimentarios en América Latina. Santiago, Chile: FAO.

[7] Entre 1998 y 2012 el TCR se apreció en 30% y entre 2005 y 2012 la apreciación fue de 42%.

TAG: 
Americas
This article is published under
12 February 2014
Davos logra liberalización en bienes ambientales Durante la pasada edición del Foro Económico Mundial, en Davos, Suiza, Australia, Canadá, China, Corea del Sur, Costa Rica, Hong Kong, Japón, Noruega...
Share: 
12 February 2014
América Latina ha experimentado un proceso de crecimiento económico basado, fundamentalmente, en la exportación de materias primas. El caso argentino muestra la correlación de fuerzas de un sector...
Share: