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PUENTES ENTRE EL COMERCIO Y EL DESAROLLO SOSTENIBLE
Vol. 1 No.4
Febrero-Marzo 1999
Comercio, desarrollo y finanzas: hacia un nuevo consenso
Por José Manuel Salazar
Entre el 15 y el 18 de marzo se realizaron
en Ginebra dos simposios organizados por el Director General de la OMC con el fin de reflexionar sobre algunos de los grandes desafíos que enfrenta el mundo hoy: las relaciones entre el comercio, el desarrollo y las finanzas, entre el comercio y el medio ambiente, y, en general, el futuro del sistema multilateral de comercio. Simultáneamente, el Banco Interamericano de Desarrollo realizaba en París su reunión anual y conferencia asociada, que se concentró principalmente en las crisis financieras y las respuestas políticas para superarlas. El clima intelectual en estos dos simposios estuvo caracterizado por una variedad de percepciones sobre qué está ocurriendo en el mundo hoy, y ofreció un adelanto del debate en la próxima ronda de negociaciones comerciales multilaterales. Estas breves notas seleccionan algunos de los temas discutidos en estos eventos que merecen profundizarse.
Comercio y
finanzas
Un tema que está en la mente de casi todos y genera
preocupación es la relación entre el comercio y las
finanzas. "Una crisis, sí, pero ¿cómo debemos llamarla? ¿Asiática, financiera, económica, global?" preguntó el Secretario General de la UNCTAD, Rubens Ricupero. Por varios motivos, él prefiere llamarla una "crisis del desarrollo": al momento, su fuerza maligna se ha limitado, en gran medida, a las regiones en desarrollo o en transición, revirtiendo la tendencia hacia el achicamiento de la brecha entre ricos y pobres reavivando los cuestionamientos al proceso de desarrollo en su forma actual. También porque, paradójicamente, estos eventos han afectado a algunos de los países más adelantados, pero no a los extremadamente débiles y pobres. Si el desarrollo es un proceso que debe reducir progresivamente el grado de vulnerabilidad de las economías a los choques externos, ¿cómo puede explicarse que algunos de los más afectados hayan sido precisamente países en la vanguardia de este proceso?
Ricupero está en lo cierto al señalar que esto
no es lo que las teorías tradicionales del desarrollo
predicen. Pero, ¿es esta realmente una crisis del desarrollo? La 'paradoja de la vulnerabilidad' se explica fácilmente. La respuesta radica en las nuevas formas de interdependencia que caracterizan a la economía global, precisamente a los sectores y países relativamente más adelantados. La crisis actual se suma a las lecciones que hemos extraído de episodios anteriores. De la crisis del Tequila aprendimos que la liberalización y la disciplina macroeconómica no son suficientes para cosechar los beneficios de la integración financiera, y que de la composición de los flujos de capital y consumo tiene importancia. La crisis del Tequila comenzó en México y afectó a la Argentina, pero, en parte como resultado de la rápida reacción internacional en apoyo de México y los fondos de respaldo provistos, el resto del mundo salió mayormente indemne.
La crisis asiática comenzó en
Tailandia y se extendió por todo Asia. Sin embargo, al menos
inicialmente, también tuvo efectos reales de importancia en
todo América Latina, a través del incremento en la
competencia de bienes más baratos y una reducción en la demanda de exportaciones, aunque no causó mayores fugas de capitales. Esto refleja en parte el duro trabajo que América Latina ha estado realizando durante estos años de reforma económica y fortalecimiento de sus fundamentos económicos. No fue sino hasta la crisis rusa que el sistema inmunológico de América Latina no pudo resistir el contagio. El análisis de este contagio ha recaído sobre una combinación de síntomas, incluyendo auges crediticios y sobrevaluación de activos, acumulación excesiva de deuda de corto plazo por las empresas, la baja calidad de las carteras de préstamos de los bancos y las altas exposiciones en moneda extranjera sin respaldo. Elementos como estos han restringido la capacidad de las autoridades monetarias de responder con el tradicional paquete de medidas de confianza para defender sus monedas con aumentos en las tasas de interés. Y cuando las tasas de interés finalmente aumentaron, se provocó un enfriamiento de la economía, el colapso en los precios de los activos y quiebras. El análisis del contagio ha resaltado el papel crítico que juegan las instituciones sólidas de regulación del sector privado. También ha atraído la atención a temas institucionales relacionados con la regulación de las empresas, las leyes sobre quiebras, y la regulación y supervisión prudencial.
Los optimistas del mercado parecen haber
descubierto, justo cuando muchas partes del mundo llegaban a la tierra prometida de la integración financiera, que hay un aspecto preocupante de la misma. Esto está llevando a una revisión de la sabiduría convencional sobre la liberalización del mercado de capitales, y a replantear los argumentos a favor de instituciones sólidas y marcos regulatorios apropiados. En particular, los impuestos chilenos sobre flujos de capital de corto plazo han recibido un nuevo reconocimiento. Pero esto no es un cambio de paradigma, sino un balanceo de las versiones más extremas del optimismo de libre mercado.
No es la
primera vez que el componente financiero de la economía
global perturba el crecimiento del comercio. Las crisis financieras del pasado también han afectado el comercio y el crecimiento. En los años '30 los países erigieron barreras para protegerse de la economía internacional conduciendo al mundo a lo que hoy se conoce como la Gran Depresión. La principal lección para las circunstancias actuales es que el proteccionismo sería una grave equivocación. Mantener el libre flujo de bienes e inversión es la mejor manera de asegurar una recuperación temprana. Hemos visto recientemente el ejemplo de un país enfrentado a una crisis financiera que no cerró sus fronteras. Cuando la crisis del peso de 1994, México, en parte por sus obligaciones en el TLCAN, no erigió barreras a sus socios norteamericanos. Es claro que el crecimiento de las exportaciones a los EE.UU. el año siguiente ayudaron a la rápida recuperación y al reinicio del crecimiento normal.
La solución a las cuestiones del manejo
de las finanzas y la demanda caen en la órbita de organizaciones financieras internacionales y la coordinación entre varios de los principales países industriales, no de la OMC u otras negociaciones comerciales regionales. Pero, dadas las perspectivas de iniciar una nueva ronda de negociaciones comerciales globales y la vitalidad de los acuerdos comerciales regionales, una nueva pregunta se perfila: ¿cuál es el papel del comercio y la política comercial en la superación de la crisis y en el desarrollo en general? ¿Cómo puede definirse la agenda de la nueva ronda de negociaciones multilaterales, para que promuevan los objetivos de todos los miembros de la OMC y de los países en desarrollo en particular? Estas fueron las preocupaciones básicas reflejadas en muchas de las intervenciones durante el simposio.
Comercio y
desarrollo
En lo que concierne al papel del comercio en el desarrollo, no
hay grandes desacuerdos sobre la aseveración fundamental de que el comercio internacional y la inversión son importantes motores del crecimiento para los países en desarrollo, a través de diversos mecanismos: ganancias cambiarias, aprendizaje, transferencia de tecnología, innovación y mejoras en la productividad. Las reglas comerciales internacionales también podrían tener efectos positivos para el desarrollo de mercados, la transparencia y la gobernabilidad. Sin embargo, hay un amplio consenso sobre que, si bien es necesario, un régimen orientado al exterior no es suficiente ni podría substituir una sólida política de desarrollo que implique estabilidad macroeconómica: inversión en educación, infraestructura e instituciones; políticas sociales y protección ambiental. Y estas orientaciones estratégicas a su vez deben estar basadas en un consenso político nacional lo suficientemente fuerte.
En otras palabras, las perspectivas de un nuevo consenso sobre
comercio y desarrollo descansan en el reconocimiento de que la relación entre la apertura comercial y financiera y el desarrollo, si bien positiva, no es automática o exclusiva, como parecen sugerir algunas recomendaciones, y que la política de desarrollo es algo mucho más complejo - el desarrollo es una transformación multifacética de las sociedades. También se desprende de esta perspectiva que no sería correcto culpar a la liberalización comercial o a la 'globalización' por el fracaso en la consecución de los objetivos de desarrollo (calidad de vida, equidad, educación, nutrición, vivienda) ya que no pueden razonablemente esperarse del comercio únicamente, a menos que se parta de un excesivo optimismo sobre su potencial para el desarrollo.
Esta
perspectiva más sobria del papel del comercio y la liberalización comercial en el proceso de desarrollo está posiblemente en la raíz de un dato alentador: la crisis asiática no ha revertido el compromiso de países de todo el mundo con el libre comercio y las políticas de inversión y no ha desafiado seriamente el argumento intelectual en favor de la orientación externa ni del comercio como motor del crecimiento.
Aún reconociendo la
importancia de la apertura sistémica, los países en desarrollo reiteraron una serie de importantes mensajes: la necesidad de más acceso a los mercados de los países desarrollados, más flexibilidad y más asistencia técnica.
Acceso. Más acceso a los mercados implica la
eliminación de barreras arancelarias y no arancelarias en sectores en los que los países en desarrollo tienen una ventaja comparativa (textiles, vestimenta, calzado, cuero, alimentos, agricultura), la eliminación de la progresividad arancelaria; disciplinas más rigurosas sobre la aplicación de normas de retorsión comercial por los países desarrollados, y el fortalecimiento de los mecanismos de solución de disputas. A su vez, debe resaltarse que un mayor acceso a los flujos de inversión internacional requiere que los países en desarrollo mejoren las condiciones para las mismas (desde disciplina macro a protección de inversiones y los factores centrales de competitividad).
Flexibilidad. Los países en
desarrollo necesitan mayor flexibilidad (o 'trato diferenciado') para manejar los períodos de transición y poder utilizar una variedad de políticas e instrumentos para promover el desarrollo. Esta es un área de acalorada controversia que se verá beneficiada si los países en desarrollo son más específicos a la hora de definir la naturaleza y el alcance de la flexibilidad que se estima apropiada.
Asistencia
Técnica. Los países en desarrollo y algunas
organizaciones y expertos internacionales frecuentemente argumentan en favor de generar flujos significativos de asistencia técnica y más financiamiento para las necesidades de desarrollo. Muchos países desarrollados también reconocen estas necesidades de asistencia técnica y de hecho están proporcionando importantes cantidades de la misma. La cooperación técnica vinculada al comercio es necesaria inclusive para asegurar que los países, especialmente los menos desarrollados, implementen sus actuales compromisos. Las reservas expresadas por algunos países sobre la posibilidad de obtener suficientes beneficios de las negociaciones comerciales o sobre su participación marginal en este proceso, nacen en parte de las restricciones que se perciben en la consecución de una agenda proactiva, comprometida y positiva en las negociaciones comerciales. La asistencia técnica se ve como esencial para superar estas restricciones.
Aparte de algunas posiciones
extremas, particularmente de ciertas ONGs, pero también de algunos países que demandan una 'moratoria de cinco años' sobre las negociaciones comerciales multilaterales, la mayoría de los participantes vieron el lanzamiento de una nueva ronda de negociaciones como vital a sus intereses, y necesaria para evitar una recesión global, y en general estuvieron de acuerdo en concentrarse no sobre si tener o no una nueva ronda, sino sobre cómo diseñarla para que les sea mas beneficiosa a ellos y al sistema mundial de comercio.
Comercio y medio
ambiente
El proteccionismo es el objetivo fundamental de los
ambientalistas y el temor fundamental de la comunidad comercial. Sin embargo, para este observador al menos, se vieron en este simposio algunas propuestas específicas y pragmáticas para cerrar la brecha y movilizar el debate y la acción. Una agenda pragmática incluye tanto aspectos sustantivos como de procedimiento. Encabezan la lista de propuestas sustantivas: el refinamiento del Artículo XX del GATT (Excepciones Generales) a fin de equilibrar los objetivos comerciales y ambientales, la flexibilidad para negociar estándares ambientales relacionados con los procesos y métodos de producción, la negociación de la relación entre los Acuerdos Multilaterales sobre el Medio Ambiente y la OMC, y la eliminación de los subsidios que distorsionan el comercio, particularmente en pesca, agricultura y energía.
Las propuestas de
procedimiento incluyen aspectos como el de la transparencia y el
acceso para las ONGs a fin de que participen en algunas actividades de la OMC. Es un hecho que la sociedad civil ha emergido como un nuevo actor en el diálogo comercial. Algunos de estos grupos han liderado movimientos de oposición al libre comercio y están en la vanguardia de la llamada 'reacción a la globalización' en algunos países. Esto representa un desafío no sólo para los gobiernos sino también para la comunidad empresarial de educar y contrarrestar actitudes 'globofóbicas' con argumentos y evidencia convincentes sobre los beneficios del libre comercio y los mercados abiertos. Más participación y transparencia podrían contribuir significativamente a reducir la percepción de la OMC y otras negociaciones comerciales como 'cajas negras' en las que las preocupaciones de la 'sociedad civil' no son escuchadas.
Un tema altamente
controvertido, que merece una cuidadosa consideración, fue la propuesta de Renato Ruggiero de crear una Organización Mundial para el Medio Ambiente: "Para fortalecer el puente entre el comercio y el medio ambiente necesitamos dos pilares. Esto no ocurrirá mientras la responsabilidad por las cuestiones ambientales esté esparcida en una multitud de organizaciones y acuerdos... Sugeriría que necesitamos un sistema multilateral basado en normas para el medio ambiente - una Organización Mundial para el Medio Ambiente que sea la contraparte institucional y legal de la OMC."
Conclusión
Es alentador ver
que los gobiernos y las instituciones internacionales están involucrados en un diálogo abierto que revea todos estos temas, y que los países en desarrollo y las ONGs también participan en este ejercicio. Los debates en estos eventos sugieren que este es un momento, si no para cambiar, ciertamente para revisar nuestros paradigmas, tanto políticos como administrativos, un momento para pensar de nuevo sobre el equilibrio del libre mercado y la regulación, el estado y el sector privado, y sobre la coordinación y cooperación internacional. Especialmente, ahora que tantos planteos se han hecho sobre la arquitectura institucional internacional, es un momento para hablar sobre instituciones internacionales. Las instituciones internacionales y los gobiernos deben ser felicitados por organizar estos eventos.
José Manuel Salazar es Jefe de la Unidad de
Comercio de la Organización de Estados Americanos y ex
Ministro de Comercio Exterior de Costa Rica.
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