Acciones climáticas a nivel regional en la era de populismo: lo que el mundo puede aprender de Canadá

24 June 2017

En la Cumbre del Clima de París, en noviembre de 2015, el primer ministro Justin Trudeau declaró[1]: "Mis amigos: Canadá está de vuelta". Esta declaración se hizo viral en los medios de comunicación social, y los progresistas canadienses respiraron tranquilamente después de nueve años de liderazgo conservador e inacción por parte del gobierno de Stephen Harper en los temas referentes al cambio climático.

 

Como canadiense y habitual asistente en las reuniones de negociación de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), la transformación fue notable. Durante años, tuve que soportar a colegas y amigos de otros países cuestionando: "Estamos progresando esta semana, ¿por qué Canadá está bloqueando la agenda? ¡Pensamos que eran de los buenos!”.

 

De repente, apreciábamos un nuevo compromiso con el proceso de negociación, financiando iniciativas de energías renovables[2] y cambiando el nombre del departamento federal “Canadá Medio Ambiente” a “Canadá Medio Ambiente y Cambio Climático”. Naturalmente, algunos advertían estos cambios con ciertas dudas y cuestionaban si se trataba simplemente de un buen manejo de las relaciones públicas o de un verdadero compromiso de acción. Las cosas en este sentido se ven bien en Canadá, pero considerando la actual corriente de populismo que conquista gran parte del mundo, es interesante mirar la dirección tomada por Canadá durante estos últimos nueve años.

 

Aunque sea demasiado centrista para los standards canadienses, Stephen Harper no era del tipo demagogo populista a los que estamos acostumbrados últimamente. Sin embargo, la doctrina conservadora moderna tiende a estar asociada a la idea de que la acción climática es algo sobre lo que hay que mantener cierto escepticismo. Esta polarización partidaria, cuando se trata del cambio climático, es algo sobre lo cual muchos están tratando de poner fin – y hubo progreso en esa dirección en algunos círculos.

 

Contrario a lo que se creía antiguamente, es cada vez más claro que el cambio climático no tiene tanta influencia sobre los votantes populistas. En los comienzos de la carrera presidencial estadounidense de 2016, se pensó que Donald Trump iba a proponer durante su candidatura un referéndum, al menos parcial, sobre el cambio climático. Desde las amenazas – y decisión – de retirar a los Estados Unidos del Acuerdo de París, hasta su tweet alegando que el cambio climático era un concepto "creado por y para los chinos para hacer de la industria estadounidense una industria no competitiva"[3], Trump ha consolidado su visión del cambio climático como un obstáculo al progreso económico. En algún momento, sin embargo, los estrategas republicanos deben haber concluido que el tema no les haría ganar las elecciones. De hecho, apenas se planteó como un problema en las últimas etapas de la campaña electoral.

 

A pesar de ello, el cambio climático no ha sido ignorado en los primeros seis meses de la administración Trump. El nombramiento de Scott Pruitt, un escéptico sobre este tema[4], como jefe de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por su sigla en inglés) no deja dudas sobre la posición de Trump en cuanto al cambio climático, y el medio ambiente en general. Aunque Trump parecía estar suavizando su postura sobre el Acuerdo de París, su reciente anuncio de que Estados Unidos se retirarían del referido acuerdo dejó en claro su intención de cumplir con su compromiso electoral. Sin embargo, considerando que la decisión desencadenó una importante oposición del público y de empresas como Goldman Sachs, General Electric e incluso gigantes petroleras como ExxonMobil y Chevron[5], no está claro a quién Trump está tratando de apaciguar.

 

Canadá enfrentó cuestiones similares bajo el gobierno de Harper y todavía logró mantener un fuerte apoyo popular para hacer frente al cambio climático – aunque esto no se expresara oficialmente en la política global. A principios de su mandato, Harper hizo referencia sobre el tema como "probablemente, la mayor amenaza que el futuro de la humanidad debe enfrentar actualmente", convocando a menos palabras y más acción[6].

 

Tales declaraciones desaparecieron lentamente durante su administración y fueron substituidas por un notorio silencio al más alto nivel, por maniobras políticas para intimidar científicos e investigadores empleados por el gobierno y por el nombramiento de personas clave para bloquear el progreso en temas de cambio climático. Tal vez el nombramiento más memorable fue el de Joe Oliver como Ministro de Recursos Naturales. En una entrevista[7], Oliver afirmó que "los científicos nos han dicho recientemente que nuestros temores (sobre el cambio climático) son exagerados" y que quienes se oponen a la criticada industria de arenas de alquitrán son financiados con fondos de grupos radicales extranjeros[8].

 

¿Suena familiar?

 

Con prácticamente ninguna oportunidad de influir en la política federal sobre el cambio climático y pocas fuentes de financiación para invertir en investigación, varias organizaciones no-gubernamentales (ONGs) cerraron sus puertas en Ottawa. "Estos son días oscuros", me susurró un investigador canadiense en la 17ª Conferencia de las Partes (COP 17, por su sigla en inglés) de Durban (África del Sur), en 2011.

 

A pesar de las condiciones hostiles, la lucha en favor de la acción climática en Canadá no terminó. Simplemente cambió de foco. Los think tanks y las ONGs intensificaron sus esfuerzos para influir en los gobiernos a nivel provincial y municipal, presionando para que fueran adoptadas políticas sólidas que garantizasen que las emisiones de gases de efecto invernadero fueran controlados – a pesar de las políticas federales.

 

La acción de las provincias canadienses durante esos "días oscuros" fue notable. El duro trabajo de ONGs, grupos aborígenes y otras organizaciones de la sociedad civil sentó las bases para un plan de liderazgo climático notablemente ambicioso en Alberta, provincia donde se ubican los depósitos de las arenas de alquitrán. Todo esto preparó el escenario para el lanzamiento del Marco Pan-canadiense sobre Crecimiento Limpio y Cambio Climático de Trudeau, una serie de políticas ambiciosas sobre el cambio climático, que incluye el requisito de que todas las provincias canadienses implementen un mecanismo de fijación de precios de carbono.

 

Claro que Canadá no fue el primero en apalancar los gobiernos provinciales para la acción climática. Quizás los ejemplos más conocidos sean los casos de Arizona, California, Nuevo México, Oregón y Washington. Aunque en condiciones poco favorables bajo la administración George W. Bush, eses estados se unieron para crear la Iniciativa Climática Occidental y avanzar en la agenda climática.

 

A excepción de California, todos los estados han abandonado la iniciativa. En los últimos años, sin embargo, varias provincias canadienses se han unido al proyecto, y hubo un cambio fundamental en la forma de comprender la economía del cambio climático. Esta transformación podría significar un cambio de juego.

 

Las energías renovables están generando puestos de trabajo y son cada vez más asequibles. Los cambios en esa dirección parecen ganar impulso a cada semana. Los sectores de energías renovables se están expandiendo rápidamente en jurisdicciones previamente conocidas por su producción de petróleo y gas – incluyendo la provincia canadiense de Alberta y el estado de Texas, en Estados Unidos.

 

El anuncio de Trump de reavivar el sector del carbón – un importante contribuyente al cambio climático y a la contaminación atmosférica – puede haber resonado entre los trabajadores desempleados del sector, quienes están cada vez más preocupados por la pérdida de ingresos, la atención médica y sus pensiones. Sin embargo, el hecho de que, para esa industria, es cada vez más difícil obtener ganancias puede impulsar una transición hacia fuentes de energía más sostenibles, mientras se buscan crear empleos en las comunidades mineras del carbón.

 

Aquellos que trabajan para intensificar la acción climática en países donde los gobiernos son hostiles a este mensaje deben tomar nota del ejemplo canadiense, en términos de creación de empleo y accesibilidad en el sector de las energías renovables. El ejemplo de Canadá nos ayuda a entender que un eventual plan sobre cambio climático impulsado a nivel de gobierno central funcionará mejor cuando se construya sobre una base sub-nacional.

 

La colaboración interregional e internacional será crucial para llevar la acción climática al siguiente nivel. Alianzas sobre el precio del carbono como las creadas entre varias provincias canadienses y California son ideales, ya que pueden impulsar y alentar a las diferentes jurisdicciones a sellar un pacto con el progreso. Ya presenciamos una victoria en este frente tras la respuesta al anuncio de Trump sobre el Acuerdo de París. Este enfoque puede ser particularmente importante en Europa, donde eventuales salidas de la Unión Europea (UE) pueden dejar al Sistema de Comercio de Emisiones (ETS, por su sigla en inglés) en un terreno cuestionable.

 

A nivel internacional, la próxima cumbre del G20 en Hamburgo (Alemania), a celebrarse en julio, podría enviar una señal poderosa, garantizando el compromiso con el desafío climático de las principales economías del mundo. Considerando que este grupo representa alrededor del 80% de las emisiones de carbono relacionadas con la energía[9] y alrededor del 75% del comercio internacional[10], la cooperación entre los miembros del G20 colaboraría enormemente en la consecución de un futuro con energía limpia a nivel mundial.

 

* Andrew Aziz es director de Comunicaciones en el Instituto Pembina, thinktank sobre energía limpia basado en Calgary (Canadá).




[1] Disponible en: <http://bit.ly/2stN1dD>.

[2] Véase: <http://bit.ly/2rOFp3I>.

[3] Disponible en: <http://bit.ly/1PAyGiv>.

[5] Véase: <http://bit.ly/2rxFIU5>.

[6] Disponible en: <http://bit.ly/2rx7wFe>.

[7] Véase: <http://bit.ly/2tGXbaf>.

[8] Véase: <http://bit.ly/1GEkli5>.

[9] Disponible en: <http://bit.ly/2stTMw2>.

[10] Disponible en: <http://bit.ly/2rYfTwX>.

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