Aumento del uso de bienes de eficiencia energética través del comercio: oportunidades y obstáculos

20 December 2010

Rod Janssen*

El cambio climático es una preocupación global, que involucra cada vez más la participación de todos los países, sean grandes consumidores de energía o no. Una de las maneras más rentables de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) es a través de una mayor eficiencia energética. Desde el punto de vista del comercio internacional, la estandarización de estas normas está ganando terreno, facilitando así los flujos de  comercio.

En su más reciente informe sobre el Panorama de la Energía en el mundo, la Agencia Internacional de Energía (AIE) destacó que los proyectos de eficiencia energética pueden llegar a contribuir en una reducción de hasta un 65% de las emisiones de GEI para 2020. Además, la disminución de la necesidad de productos energéticos importados también mejoraría la seguridad energética - otro de los objetivos principales de la política energética - que a su vez también es importante para los principales países importadores de energía como los son Japón y los Estados Unidos (EE.UU). Sin embargo, también es un objetivo en sí para numerosos países en desarrollo (PED), donde el costo de las importaciones de energía puede tener un efecto devastador en su balanza de pagos y en sus economías en conjunto.

Actualmente se está evaluando la conexión entre la eficiencia energética, el cambio climático y la política comercial. Lo anterior al existir una necesidad latente de acelerar la penetración de los productos energéticamente eficientes en todo el mundo con el fin de cumplir con los objetivos del cambio climático. En este sentido, las políticas relacionadas con el comercio pueden hacer una diferencia y una de las áreas bajo escrutinio es el papel de la armonización de los instrumentos de regulación. Sin embargo, es importante evaluar lo que la armonización significa para la mayoría de los PED que no tienen la capacidad  - o no han dado prioridad al desarrollo de la capacidad - necesaria para el desarrollo de normas y su aplicación. Este artículo trata de explicar algunos lineamientos para aclarar lo que está sucediendo, así como lo que podría acontecer.

El consumo energético sigue creciendo

La demanda de servicios de energía está creciendo a un ritmo rápido en todas las regiones. La gente desea adquirir lo último en electrodomésticos, equipos de comunicación, juegos electrónicos y aparatos en sus hogares y oficinas. Cada día nuevas tecnologías - para mejorar el confort, la salud y el bienestar - están llegando al mercado, sin obviar que las empresas también desean prosperar y crecer. Estos desarrollos requieren de energía, la cual en su mayoría es a base de carbono. En este contexto, mejorar la eficiencia energética se destaca como una opción políticamente atractiva.

Mejorar la eficiencia energética requiere de un enfoque amplio, y de políticas a largo plazo. Los países y regiones utilizan cada vez más políticas de eficiencia energética dirigidas a promover y acelerar el despliegue de tecnologías más eficientes energéticamente. Y un alto porcentaje de productos, para los que las opciones de eficiencia energética se están desarrollando, son objeto de comercio internacional.

Políticas de eficiencia energética: estándares mínimos y etiquetado

Hay dos tipos principales de políticas que promuevan los productos energéticos eficientes, que son relevantes en el debate sobre el comercio de estos bienes. En primer lugar se encuentran las normas mínimas de eficiencia energética (MEPS, por sus siglas en inglés), que son instrumentos de política que establecen los niveles mínimos de eficiencia o los niveles máximos de uso de energía aceptable para los productos vendidos en un país en particular. Por lo general, los MEPS son obligatorios. Australia, Canadá, China, la Unión Europea (UE), Nueva Zelandia, Japón y los EE.UU. emplean todos los MEPS para una amplia gama de equipos que utilizan energía. La India hasta el momento no aplica estas normas aunque se encuentra desarrollando una iniciativa al respecto. Con ellos, muchos otros países y regiones han estado ajustando sus estándares de desempeño en los últimos años.

En segundo lugar se encuentra el etiquetado de los productos en el punto de venta. El etiquetado es principalmente para los productos nacionales, incluyendo electrodomésticos y automóviles. Hay etiquetas comparativas y etiquetas de aprobación. Las etiquetas comparativas muestran la eficiencia energética de un modelo en particular con respecto a modelos similares en el mercado. Por su parte, las etiquetas de aprobación tienen el fin de identificar los modelos con mejor comportamiento dentro de una categoría de producto, por lo que es más fácil que los consumidores diferencien los productos. Por ejemplo, Canadá desde 1978 ha tenido un programa de comparación de etiquetado. Otros países que emplean  etiquetas de comparación son: Australia, China, UE, la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC), Japón, Nueva Zelandia y otros. La etiqueta de aprobación principal es la etiqueta Energy Star y es administrado por la Agencia de Protección Ambiental de los EE.UU.; también se usada en Australia, Canadá, UE, AELC, Japón, Nueva Zelanda, Suiza y Taiwán, y su uso es cada vez más global.

Resultados a  la fecha

El uso de las MEPS y  etiquetado están mostrando resultados sólidos. Por ejemplo:

  • Entre 1993 y 2005 el consumo promedio de energía de los refrigeradores en Australia se redujo 40%.
  • Entre 1980 y 2001, el consumo medio de energía de refrigeradores y congeladores en los EE.UU. se redujo en un 60%. Posterior a la introducción de los MEPS en 1993, y con una eventual revisión en 2001, el consumo de energía se disminuyó 20% en ocasión.
  • Entre 1989 y 2001, el consumo de energía de refrigeradores y congeladores en el Reino Unido se reduce entre un 20 y 25%. Las etiquetas se introdujeron en 1995 y los MEPS en 1999.

Aún con estos resultados, el potencial de ahorro todavía es alto. Por ejemplo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) calcula que la demanda de electricidad se podría reducir en un 6% en Rusia, y otros estudios muestran que Pakistán podría ahorrar un 20% de su demanda energética proyectada en los próximos 25 años.

Sin embargo, es necesario hacer algunas advertencias debido a la creciente tendencia a comprar productos cada vez más grandes. Por lo tanto, las ganancias de eficiencia energética son compensadas por la magnitud de la demanda. Este aumento de tamaño es válido para refrigeradores, televisores y automóviles, por nombrar sólo algunos ejemplos.

La dimensión comercial

Nuestros aparatos y productos que utilizan energía proceden de todos los rincones del mundo. En sólo cinco años, las exportaciones de electrodomésticos han crecido un 250%, siendo este crecimiento aún más significativo en el área de tecnologías de la información y  comunicación.

Mientras tanto, el centro de gravedad respecto a la fabricación ha cambiado significativamente dirigiéndose Asia, donde los costos laborales son bajos. China particularmente se ha visto beneficiada: sus exportaciones de refrigeradores alcanzaron los 14 millones de unidades en 2005, lo que representó el 46% de la producción mundial. La tendencia es aún más dramática para las unidades de aires acondicionados, donde estas exportaciones han pasado de 240.000 unidades a 68 millones en quince años.

Desarrollo de estándares y armonización

La armonización en el ámbito de la eficiencia energética se lleva a cabo a través distintas vías como se da en los ámbitos mundial, regional y nacional. En algunos casos - como la Unión Europea y un país federal como Canadá por ejemplo - las iniciativas de armonización se llevaron a cabo para mejorar el funcionamiento del mercado interior.

Los ejemplos incluyen la etiqueta Energy Star,  que se ha extendido progresivamente desde los EE.UU. a otros países. Por su parte, el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico  (APEC) ha iniciado un amplio programa para la utilización de luces fluorescentes compactas. A menudo este tipo de iniciativas se llevan a cabo para mejorar la calidad de los productos nuevos, permitiéndoles ganar cuota de mercado a expensas de los modelos ineficientes.

La realidad indica que los países deciden por sí mismos los requisitos mínimos de eficiencia energética, pero sobre la base de sus preocupaciones de política interna. Sin embargo, la falta de atención de estos aspectos puede ser resultado de políticas energéticas relativamente poco desarrolladas.

No obstante, es necesario destacar la existencia de programas que han demostrado ser eficaces, como Energy Star, que por medio de procedimientos comunes de ensayo para medir el desempeño ha proporcionado un sistema de medición común. Asimismo, organizaciones internacionales como la AEI y organizaciones no gubernamentales como The Collaborative Labelling y el Programa de Normas en los EE.UU., han sido eficaces en la promoción de los esfuerzos de armonización regional y mundial. Los esfuerzos de la UE en este sentido son cada vez más compartidos con otros países vecinos.

Implicaciones comerciales de la armonización

La armonización de las normas puede tener muchos beneficios. Los consumidores en todos los sectores de uso final desean acceder a las nuevas tecnologías, y que las mismas sean tan eficientes como sea posible. Asimismo, la armonización se requiere por una variedad de razones de desarrollo de tipo energético, ambiental y económico, lo cual es una premisa tanto para el mundo desarrollado y como para los países en desarrollo, para todos por igual.

Al respecto, un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico hace hincapié en la necesidad de "unificar o armonizar  descripciones de los productos así como las métricas de eficiencia energética para el desarrollo de algoritmos que permitan la simple conversión de un conjunto de requisitos a otro sin que sea necesario volver a probarlos"[1]. Se ha avanzado mucho en este hecho, lo cual facilita considerablemente el comercio internacional de productos energéticamente eficientes.

A su vez, también existen normas internacionales relacionadas con los bienes comerciables. Muchos, si no la mayoría de tecnologías de eficiencia energética, pueden ser considerados bienes ambientales debido a su efecto de mitigación del cambio climático. Por ejemplo, las normas y etiquetado están cubiertos por la OMC. El Acuerdo sobre Obstáculos Técnicos al Comercio (OTC) se refiere a reglamentos técnicos obligatorios, así como a las normas voluntarias. También hay ciertas reglas del GATT que pueden tener cierta relevancia.

Parece existir poca preocupación por sobrepasar las obligaciones de la OMC. Programas tales como Eco-diseño o Energy Star, señalan las mismas obligaciones a los fabricantes nacionales y distribuidores como lo hacen a los importadores. No hay intención de discriminación. La fuerza impulsora es la concertación de metas de eficiencia energética más estrictas que estén diseñadas tanto para la política energética como la de cambio climático.

Si los países no pueden continuar con el proceso de armonización e implementar su propia gama de políticas de eficiencia energética, éstas pueden convertirse en barreras comerciales. Las normas y los programas de etiquetado, sin embargo, están diseñados para transformar el mercado de la energía y los productos amigables con el ambiente en más eficiente con el fin de alcanzar los objetivos de energía y cambio climático (muchos de las cuales son de obligación mundial). Con el enfoque adecuado de política, esas barreras se pueden superar.

¿Cómo desarrollar los aspectos de eficiencia energética y etiquetado?

Pocos PED disponen de normas y etiquetas para productos de eficiencia energética. Afortunadamente, los mayores PED, en particular, Brasil, China e India, se están moviendo más y más en esta dirección. Brasil y China han tenido  programas activos durante años y  varios otros países están participando en los esfuerzos de armonización regional. Consecuentemente, los PED participan cada vez más en la armonización de las normas al pertenecer a la Organización Internacional de Normalización (ISO). La ISO, en parte gracias al apoyo bilateral de organizaciones como el Instituto sueco de Normas, están aumentando sus esfuerzos para promover la armonización en los PED.

Básicamente, existen dos razones centrales  para  que los PED elaboren normas y programas de etiquetado de eficiencia energética. En primer lugar, la difusión de productos ineficientes debe ser evitada, y esto sólo es posible si todos los países tienen políticas para permitir los productos adecuados. Esta es una preocupación en general para los países desarrollados y en desarrollo. En segundo lugar, el equipo que puede mejorar la eficiencia energética de la economía (por ejemplo, motores eficientes, sistemas de control de gestión, ventanas eficientes) puede ser impulsado y apoyado por la introducción de normas técnicas apropiadas.

Por lo tanto, los PED deberían tener estrategias de eficiencia energética seriamente establecidas, que las conviertan en los principales componentes de las políticas de energía y cambio climático. Pero sin el marco político adecuado, la realidad es que pocos cambios se van a producir.

La comunión entre energía, medio ambiente y el comercio se está fortaleciendo buscando garantizar que los productos de eficiencia energética se utilicen en mayor escala. El tema es complejo, y a menudo se evidencia que estas tres áreas no han trabajado lo suficientemente en conjunto. Ahora es la oportunidad.

*Consultor independiente con especialidad en ambiente y energía.

[1] Steenblik, R., Scott Vaughan, S., Waide, P., Can Energy-Efficient Electrical Appliances be considered "Environmental Goods"?, OECD Trade and Environment Paper No. 2006-04, OECD, París, 2006, p. 6

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