Doha, nuevas reglas internacionales y crisis de alimentos: retos de 2011

7 March 2011

El presente año presenta desafíos para todos los países, ricos, emergentes, o menos adelantados. Los efectos de la crisis todavía se sienten en buena parte del mundo, y la liberalización comercial, la gobernabilidad económica y los alarmantes precios de los alimentos son parte de los enormes pendientes internacionales que los gobiernos deberán atender en 2011. Respuestas convincentes, resultados, es lo que estos problemas demandan con toda urgencia.

¿Plazo absoluto para Doha?

El inicio del año marcó una nueva meta para intentar concluir la Ronda Doha una vez más; 2011 se anuncia como plazo aparentemente absoluto para rescatar los trabajos de más de nueve años, o bien asumir el costo político del fracaso, según ministros y líderes advirtieron en Davos, Suiza a finales de enero.

Las intenciones de zanjar las diferencias en las sufridas negociaciones comerciales se han escuchado en muchas ocasiones en varios foros internacionales, como en las consabidas reuniones del G-20. En el encuentro de Corea, ocurrido en noviembre de 2010, los mandatarios identificaron 2011 como "una ventana de oportunidad crítica, aunque estrecha", y prometieron buscar la ratificación de un eventual acuerdo en sus parlamentos. En la percepción de Richard Baldwin, profesor del Graduate Institute de Ginebra, esto se debe a que ahora Doha podría ser atractiva para el gobierno de Obama una vez que las reformas urgentes a nivel doméstico fueron aprobadas, y que perdió la mayoría en la Cámara de Representantes, por lo que temas como comercio podría figurar en la agenda a favor del empleo[1].

Ese ímpetu reestrenado encontró cabida en la reunión anual del Foro Económico Mundial, donde como es ya costumbre, ministros de comercio aprovechan el espacio y el viaje para volver a evaluar los progresos (o ausencia de los mismos) de la Ronda Doha. La delegación mexicana presentó una propuesta con la intención de finiquitar el largo peregrinaje de la Ronda. En resumen, el documento propone establecer un pacto "equilibrado" donde los países ricos den más en agricultura para recibir más en acceso a bienes industriales, y en general se permita más apertura y flexibilidad para todos en servicios y bienes y servicios ambientales (ver Puentes Quincenal, Vol. 8, No. 2, 10 de febrero de 2011).

Sin embargo, la propuesta de México no fue muy bien recibida por la delegación estadounidense por querer establecer atajos donde el único camino es sentarse a negociar, según indicaron fuentes de este país. La crítica no fue solamente de forma, sino de fondo: México proponía reducir el gasto tope en ayuda global distorsionante para el comercio (OTDS, por sus siglas en inglés) para que solamente consista en un porcentaje a negociar por encima de los niveles actuales de asignaciones. Según sus propios informes, Estados Unidos destinó alrededor de US$ 13.000 millones a ese concepto en 2008.

La negociación agrícola es por demás delicada y celosa en la OMC. Desafortunadamente, y con el paso del tiempo, la Ronda Doha de Desarrollo se ha reducido a dos temas fundamentales: acceso a mercado agrícola y bienes industriales, y el intercambio de concesiones entre estos dos. Servicios lucha por mantener un lugar en la agenda, lo mismo que bienes y servicios ambientales, cuya negociación en últimas fechas ha dado paso a tímidos resultados, lo mismo que subsidios a la pesca y facilitación al comercio.

La propuesta mexicana tal vez no sea la solución a la Ronda, pero por lo menos en cierta medida reanimó el interés negociador, que en los últimos dos años se ha mantenido más bien ausente, meditabundo.  Su intento, y a pesar de los reclamos por falta de transparencia e inclusión, está siendo replicado por una coalición de once países (G-11), compuesta por EE.UU., la Unión Europea, Canadá, Australia, Japón, Brasil, China, India, Argentina, Sudáfrica y Mauricio, quienes a partir de febrero está reuniéndose para probar un ‘proceso horizontal' de negociación. En éste se busca que los Miembros establezcan compromisos reales y prácticos en cada una de las áreas de negociación de la Ronda, en lugar de definir los confines de un acuerdo para todos mediante textos generales.

El juego de poder y negociación está otra vez sucediendo en Ginebra, y eso es positivo para la credibilidad del sistema. Las últimas informaciones apuntan a que Brasil está aprovechando las conocidas declaraciones de EE.UU., en el sentido de que poco hay para ellos en la mesa de negociación, para presentar una sorpresiva propuesta: mayor acceso a mercado para productos como carne de res, puerco y aves, a cambio de más acceso en bienes industriales. Recordemos que Estados Unidos persigue la negociación de apertura concreta en categorías como químicos, juguetes y otros productos, y que se han quejado una y otra vez de que economías como la brasileña, china o india no estén dispuestas a darle más cabida, ni a aceptar iniciativas de liberalización sectorial.

Esta nueva evaluación del nivel de ambición entre los integrantes del G-11 podría recomponer en cierta medida las blindadas posiciones de los países desarrollados en materia agrícola, y en el menor, o mejor, de los casos oxigenar un poco las negociaciones. Sin embargo, los llamados a "acelerar" el cierre de la Ronda por Lamy y buena parte de la comunidad internacional interesada, son sólo eso, invitaciones que se vuelven a reproducir pero que no aseguran que haya un cierre en 2011, 2012, o tiempo después.

Esta ‘ventana de oportunidad' que identifica Baldwin, tendría que concretarse con un paquete presentado a mediados de 2011 en el Congreso de los EE.UU. De lo contrario, Doha podría perderse en la dinámica de sus elecciones del próximo año, y por lo tanto no salir avante sino hasta 2013, lo cual pone en peligro la cooperación internacional, y otros temas como derechos humanos o calentamiento global, asegura.

Peter Sutherland, Jagdish Bhagwati y otros expertos en comercio, en el marco del grupo creado en la reunión de noviembre pasado del G-20[2], dicen en su informe interino desvelado apenas en enero, que 2011 debe ser el plazo inflexible para el término de Doha. De no ser así, todo lo negociado hasta ahora se perderá, y las ganancias potenciales para el mundo se desvanecerán hasta otro momento incierto. ¿Podrá Doha finalmente situarse en la recta final de negociación, o será su conclusión postergada una vez más hasta disolver en la agenda multilateral?

Las capacidades del G-20

La amenaza del proteccionismo, y del proteccionismo cambiario en particular, se mantiene latente entre chicos y grandes. Es uno de los retos actuales del sistema de gobernanza global, ante el cual la OMC no tiene facultad alguna, pero sí mecanismos políticos como el G-20, aunque con ciertas imperfecciones.  Su razón de ser justamente radica en evitar una deleznable repetición de la crisis económica y financiera de hace unos años, por lo que aspira a una reforma del sistema financiero internacional, así como nuevas reglas para detectar desequilibrios mundiales.

En la última reunión de ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales del G-20, celebrada en París el 18 y el 19 de febrero, con importantes dificultades pudo llegarse a un acuerdo sobre cuáles serían los indicadores económicos para medir los peligros financieros. Entre ellos se encuentran: el déficit fiscal, la deuda pública y privada, las tasas de ahorro, la inversión y el tipo de cambio, aunque con un lenguaje suavizado

De acuerdo con Economist Intelligence Unit, las tres principales preocupaciones del G-20 sobre la economía son: la diferencia entre los países con grandes excedentes y aquellos con déficit en la cuenta corriente; los problemas fiscales en los países ricos y la desestabilización que pueden causar en los mercados financieros; así como la posibilidad de que una política monetaria muy relajada incentive excesivos flujos de capital inflacionarios hacia los países emergentes. El acuerdo cubre estos focos de alerta, pero aumenta el trabajo de revisión y monitoreo del Fondo Monetario Internacional, el cual sufre de ciertas imperfecciones.

Jeffry Frieden, profesor de economía política de la Universidad de Harvard, ha comentado que poco ha resultado de las iniciativas de vigilancia del Fondo, y que por lo tanto habrá que esperar a revisar el contenido de las directrices que emita el G-20 en abril próximo, como se lo ha fijado. Si dicha guía o directrices "son tan vagas como para no tener sentido", entonces poco podrá esperarse; pero si por el contrario, los criterios son "medibles, observables e identificables y transparentes", podría ser más útiles, dijo a Bridges.

Las reservas de divisas por el momento no serán consideradas como un indicador, pues China en su esfuerzo diplomático ha logrado sacar de la mesa de discusión la razón por la cual se le ha criticado durante meses: mantener un tipo de cambio barato para el yuan, favoreciendo excesivamente sus exportaciones. El trasfondo: la gran tensión internacional que ha causado este asunto. Algunos analistas apuntan a que la apreciación del yuan es favorable, pero debe hacerse con control y hasta cierto punto, pues de lo contrario podría provocarse una fuerte inflación que podría menoscabar más la economía estadounidense, en lugar de obtener el objetivo opuesto.

La tensión con China, por un lado, es fuente de preocupación para países poderosos. No obstante, hay que recordar, por otro lado, que a pesar de las intenciones del G-20 y estos nuevos indicadores, debate que podría nutrirse en las próximas reuniones de este año bajo la presidencia francesa, dicha institución política no tiene poder para hacer cumplir su voluntad, quedándose sus decisiones en el campo de la "buena fe" o el soft law.

Precios por los cielos

Justamente uno de los puntos más esperados del comunicado de París fue respecto a la regulación del comercio agrícola y la especulación financiera por los alarmantes aumentos en el costo de la comida en últimas fechas. Según el índice de la FAO para los precios de los alimentos, se experimentó un incremento del 3,4% en relación a diciembre 2010, lo que implica el aumento más alto que se haya registrado en alimentos básicos por la FAO, a excepción de la carne.  En el caso de los cereales y los lácteos, todavía sus precios son menores a los máximos registrados en 2007 y 2008.

El "punto peligroso" que se está alcanzando con esta subida importante de la canasta básica, dijo Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, de cara a la reunión de febrero del G-20, podría causar fuertes disturbios (como los que ya provocaron la liberación de Túnez y Egipto), por lo que es importante priorizar este tema en la agenda internacional. ¿Y qué más motivo que saber que a mil millones ascenderá el número de personas desnutridas a fin de año, según Zoellick, para tomar acciones inmediatas para la seguridad alimentaria?

El G-20 por ahora rechazó la propuesta de Francia de poner topes a los precios de los alimentos ante la negativa de exportadores como Brasil y Argentina por ser el aporte de la oferta necesaria, y aceptó poner límites a las operaciones especulativas en los mercados de materias primas.  También el G-20 reconoció la importancia de promover una mayor inversión en ese sector.

En lo que respecta al comercio internacional, varios son los economistas que afirman que la liberalización propuesta por Doha no perjudicará a este sector, sino que de forma contraria, podría ayudar a combatir el alza de precios y brindar más seguridad alimentaria, aunque habría ver ser muy cuidadosos en los detalles, como trato especial y diferenciado (ver, por ejemplo, artículo de Díaz Bonilla y Ron en este número).

Sin embargo, es complicado saber cuál será el desenlace de los precios de la comida, pues el reto es enorme, y los recursos y el tiempo escaso. Por ahora el único foro donde podrían tomarse decisiones vinculantes importantes es la OMC, donde los ánimos de 153 países no convergen tan rápidamente como las demandas del mundo y de un comercio más inclusivo y democrático lo quisieran.

Desde el comienzo de este año hemos visto un panorama internacional diferente, con otros actores, con el rompimiento con el pasado, y tal vez otra actitud. Veremos si en los 10 meses que restan nuestros líderes toman acciones para avanzar en soluciones para propiciar un entorno más justo en comercio, reglas financieras y precios de los insumos más básicos para la población. La tarea evidentemente requiere de esfuerzos, pero sobre todo de decisión política a nivel nacional.

[1] Baldwin, Richard (2011, 28 de enero), "Global trade talks: Doha is doable this year", VoxEU.org, consultado el 25 de febrero en: http://voxeu.org/index.php?q=node/6066

[2] Este grupo fue creado a petición de los gobiernos de Alemania, Reino Unido, Indonesia y Turquía. El informe provisional "The Doha Round: Setting a Deadline, Defining a Final Deal" está disponible en: http://www.number10.gov.uk/wp-content/uploads/doha-round-jan-2011.pdf. Se espera una versión final del mismo en abril.

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