La COP que sorprendió al mundo. Una opinión desde México.

7 March 2011

Tania Mijares*

Después del desastre en la COP15 en Copenhague, Dinamarca, poco se esperaba de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático en Cancún. Sin embargo, los buenos oficios del Gobierno Federal, encabezados por la Secretaria de Relaciones Exteriores (SRE) de México, lograron que los países se sintieran cómodos e incluidos en un proceso en el cual habían perdido toda la confianza.

El paquete de decisiones al que se llegó en esta reunión ofrece una segunda oportunidad al proceso de negociaciones internacionales, ya que coloca a la mayoría de los gobiernos en una posición más firme en el camino hacia un futuro bajo en emisiones y apoya una mejor acción sobre cambio climático en el mundo en desarrollo.

Sin embargo, es importante mencionar que Estados Unidos aún se encuentra renuente a cumplir gran parte de los acuerdos alcanzados por los demás países. Para México, la posición estadounidense se traduce en la pérdida de oportunidades para generar proyectos que permitan la transición nacional hacia una economía de bajo carbono. Al no aprobarse la Ley Climática en el vecino país del norte, la posibilidad de crear un mercado de carbono regional se esfumó, por lo menos mientras los estados se reorganizan para lograrlo.

No todo está perdido en este tema, ya que la administración Obama ha publicado normas más estrictas de eficiencia vehicular. California, el estado más grande la Unión Americana, ha ordenado a las compañías que para el año 2020, al menos un tercio de la energía que consumen debe provenir de fuentes más limpias y renovables. Posiblemente, lo más importante es que la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA) ha sido obligada por mandato de ley a regular las emisiones de gases de efecto invernadero (véase Massachussetts vs. EPA).

Se destinan recursos

Algunas de las iniciativas e instituciones que se generaron durante la COP16 permitirán la protección de los grupos más vulnerables ante los efectos del cambio climático, así como la distribución de recursos y tecnología que los países en desarrollo necesitan para planear y construir su propio futuro sustentable.

Entre los principales acuerdos de Cancún se encuentran:

  • Las Partes reunidas en el Protocolo de Kioto aceptan continuar con las negociaciones con el propósito de completar su trabajo y asegurar que no hay brecha alguna entre el primer periodo de compromisos y el segundo del tratado.
  • La creación de planes y estrategias de bajo carbono de países desarrollados, presentando Inventarios Nacionales de Emisiones anuales.
  • Los países en desarrollo establecerán un registro con el fin de relacionar y registrar las acciones de mitigación de los países en desarrollo con el financiamiento y soporte tecnológico brindado por los países industrializados. Publicarán informes del progreso logrado cada dos años.
  • Se estableció además un fondo de 30 mil millones de dólares para  apoyar la acción sobre cambio climático en los países en desarrollo hasta el año 2012.
  • Se prevé la intención de recaudar más de $100 mil millones de dólares en fondos a largo plazo para 2020.
  • Un proceso para diseñar un Fondo Verde para el Clima que cuente con una junta con igual representación de los países en desarrollo y desarrollados.
  • Con el objetivo de permitir una planeación más adecuada y la implementación de proyectos de adaptación más ambiciosos, se estableció un nuevo marco de adaptación en los países en desarrollo, todo esto a través de un mayor financiamiento y soporte técnico, incluyendo un proceso claro para continuar con el trabajo en pérdidas y daños.
  • En materia de reducción de emisiones por degradación y deforestación (REDD), los países acordaron promover acciones para fortalecerla.

Compromiso colectivo

Todos los países reconocieron la enorme necesidad de trabajar para mantener el aumento de temperatura de 2ºC y establecieron una ruta crítica de revisión para asegurar que la acción mundial sea la adecuada para enfrentar la realidad emergente del cambio climático. Por desgracia, esto no es lo que se necesitaba del proceso; las condiciones actuales y los niveles de degradación ambiental que hemos generado nos obligarían a tomar acciones drásticas. Sin embargo, debemos reconocer que los ‘acuerdos de Cancún' representan unos buenos cimientos sobre los cuales se puede construir un mayor compromiso colectivo, que con suerte permitirán que en la COP17 en Sudáfrica, los acuerdos sean jurídicamente vinculantes y mucho más ambiciosos.

Obviamente, el papel de México debe ir mucho más allá de las negociaciones internacionales. Por ejemplo, México cuenta con un enorme potencial para generar energía eléctrica a través de fuentes renovables; esto es utilizar el agua, aire, subsuelo, viento y sol existente en su territorio, lo que contribuiría a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero de manera importante. De igual manera, México es el único país No Anexo I del Protocolo de Kioto que ha presentado cuatro comunicaciones sobre cambio Climático a la Convención y actualmente se encuentra preparando la quinta; también cuenta con un Programa Especial de Cambio Climático y próximamente tendrá terminado el Mapa de Riesgo Nacional. Indudablemente los avances en el país han sido muchos, sin embargo la falta de acuerdos políticos concretos entre los países y los enormes intereses económicos que se generan alrededor de este tema, siguen ocasionando que la política climática en México siga quedándose en el papel.

Por otro lado, el país debe participar activamente en la discusión mundial sobre las reglas aceptables de producción de bienes, fomentando que todos aquellos productos que tengan y hagan uso de emisiones de carbono para ser generados, incluyan esta alta densidad en el precio. En otras palabras, México no puede ser únicamente un espectador de la creación de la "economía de bajo carbono".

Si bien ha sido un país que si bien no termina de concretar los cambios institucionales y sociales necesarios, ha estado muy activo en el tema.  Durante 2010 se discutió la Ley Climática propuesta por el Senador Alberto Cárdenas, la cual todavía no es aprobada y posiblemente necesite modificarse en temas centrales para que sea publicada. Sin embargo, los esfuerzos no cesan, lo que obliga a este país a ser uno de los actores principales que empujen la creación de empleos verdes, es decir, que participe en la reingeniería de compañías en sectores estratégicos, así como en la generación de incentivos para lograrlo.

Una de las grandes ventajas de esta transición es que si bien requiere de la voluntad y trabajo política a gran escala, también se pueden lograr cambios y avances importantes tan sólo por hacer pequeñas modificaciones en nuestra rutina diaria, las cuales no requieren un esfuerzo enorme. Acciones tan sencillas como cambiar tus focos por focos ahorradores, no desperdiciar agua, utilizar el transporte público, compartir el coche, elegir caminar y/o usar la bicicleta siempre que se pueda, separar la basura, participar en las decisiones locales y nacionales en materia de cambio climático, pueden hacer la diferencia.

Lo cierto es que el impacto y nivel de degradación que estamos alcanzando en la Tierra necesita que todos participemos de manera activa y organizada colaborando a reducir los impactos negativos que directa e indirectamente hemos generado en el planeta.

*Consultora ambiental en Ecoherencia, S.C. (www.ecoherencia.com.mx). tania@ecoherencia.com.mx

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