La transición energética de Chile: la Hoja de Ruta de Energía 2050

27 November 2015

A fines de septiembre de 2015, el Comité Consultivo de Energía 2050 entregó al ministro de Energía de Chile, Máximo Pacheco, la “Hoja de Ruta 2050: Hacia una Energía Sustentable e Inclusiva para Chile” (Hoja de Ruta 2050 en adelante). Esta condensa las visiones, metas, lineamientos y acciones necesarias para transitar hacia un futuro energético bajo en emisiones, a costos competitivos, inclusivo y resiliente. Esta Hoja de Ruta es la base fundamental para la política energética al 2050 que será entregada a la presidenta de la República, Michelle Bachelet, en diciembre de 2015.

El siguiente artículo presenta los principales aspectos de la Hoja de Ruta 2050 en relación a su proceso y contenidos y establece su vínculo con el reciente compromiso de reducciones de emisiones –contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional (INDC, por sus siglas en inglés)– dado a conocer por Chile en el marco de la Conferencia de las Partes a realizarse en París, Francia. El artículo concluye con algunas reflexiones para lograr la transición energética trazada en la Hoja de Ruta 2050.

Energía 2050: proceso participativo e innovador para la construcción de políticas públicas
La Hoja de Ruta 2050 del Comité Consultivo se enmarca dentro del Proceso de Planificación Participativa de la Política Energética de Largo Plazo, o Energía 2050; una iniciativa inédita en Chile, liderada por el Ministerio de Energía.

A través de diversas instancias de participación, Energía 2050 busca construir una visión compartida para el desarrollo energético futuro con la validación social, política y técnica requerida para instalarse como la política energética que Chile necesita. Representa un esfuerzo multisectorial, con una inclusión amplia de actores de diversos ámbitos de la sociedad. Es un compromiso de la Agenda de Energía lanzada por el Gobierno en mayo de 2014. El hito clave se cumplió en septiembre de 2015 con la entrega de la Hoja de Ruta 2050.

Esta se conformó con el apoyo de un equipo interdisciplinario de más de 30 profesionales, lo que permitió contar con información y un análisis riguroso de la situación actual y futuros escenarios para el sector energético. Se tomaron como base los resultados de experiencias previas y los más de 120 talleres a lo largo del país realizados durante la Etapa 1 de Energía 2050, que involucraron a unas 3.500 personas y cerca de 50 expertos nacionales e internacionales (ver figura 1).

La Hoja de Ruta 2050 aborda el futuro energético de Chile no solo desde una mirada técnica, sino entendiendo la multiplicidad de formas en que la energía se conecta e impacta las vidas de las personas y el desarrollo del país. Dada la complejidad del sector energía y la diversidad de intereses, la construcción de la Hoja de Ruta 2050 requirió de un debate profundo, la confrontación respetuosa de ideas y la búsqueda de acuerdos.

Hacia una energía sustentable e inclusiva para Chile
La Hoja de Ruta 2050 comienza construyendo una visión a 35 años para el sector energía. Luego de un análisis de brechas entre la realidad actual y la visión de largo plazo, establece las grandes transformaciones que Chile necesita para ir cerrando estas brechas e identifica metas de mediano y largo plazo con sus respectivos responsables. De igual manera, comprende cómo la visión al año 2050 se conecta con la toma de decisiones de hoy y distingue un plan de acción de corto plazo para impulsar al país en la dirección deseada.

La visión de largo plazo apunta a un futuro energético bajo en emisiones, a costos competitivos, inclusivo y resiliente, en donde no se prioriza un pilar de la sustentabilidad por sobre otro, además de que es consistente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Ofrece soluciones armónicas a los desafíos económicos, ambientales y sociales del sector, establece lineamientos con metas concretas para los años 2035 y 2050 para medir el progreso con respecto a la visión de largo plazo, agrupados bajo cinco ejes estratégicos (ver figura 2).

Asimismo, establece un mecanismo institucional para asegurar un compromiso de Estado para el monitoreo y la revisión periódica de la política, con un seguimiento anual y una revisión participativa cada 5 años, respaldada por equipos humanos e insumos técnicos, independientes y de alta calidad.

En materia eléctrica establece una meta de al menos 70% de fuentes renovables, con énfasis en energía solar y eólica, sumando ambas fuentes más de 40 GW adicionales al año 2050, los cuales se complementarían con nuevos desarrollos hidroeléctricos para fines de regulación, dando así la flexibilidad requerida por un sistema con alta penetración de energía variable (ver figura 3).

Los análisis técnicos realizados fundamentan que una matriz con estas características es baja en emisiones y coherente con costos competitivos, rompiendo así con el paradigma que hasta hoy prevalecía de tener que optar o privilegiar entre alguno de estos objetivos de política. Avances en el desarrollo de tecnologías de almacenamiento de energía y de gestión de la demanda permitirían una penetración aún mayor de energías renovables variables.

En consonancia con lo anterior, establece estándares socio-ambientales y mecanismos para internalizar los impactos negativos de la generación eléctrica. En materia de emisiones locales busca definir nuevas exigencias, por ejemplo, en materia de sistemas de enfriamientos para la termoelectricidad y contaminación de suelos, en coherencia con aquellas de los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos.

En cuanto a emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), profundiza el uso de instrumentos económicos para encaminar las emisiones hacia la visión deseada y consistente con las INDC de Chile, donde se establece el compromiso de reducir los GEI por unidad de producto interno bruto en un 30% al año 2030, comparado con el año 2007, compromiso que podría aumentar hasta un 45% a condición de la obtención de aportes monetarios internacionales.

Aunque las INDC no precisan un plan específico para lograr los compromisos, reconoce que diferentes iniciativas serán fundamentales, en particular la política energética al 2050, ya que el sector energía, incluyendo el subsector transporte, es el de mayor contribución en las emisiones de GEI del país, aportando en 2010 el 75% de ellas, mientras que la generación eléctrica es responsable de un tercio de ese total.

Por lo mismo, la Hoja de Ruta 2050 reconoce que en caso de que el impuesto al carbono fuera el instrumento principal, el nivel de US$ 5/MWh que comenzaría a regir desde 2017 no será suficiente, por lo que debería incrementarse gradualmente para contribuir más efectivamente a la reducción de emisiones.

En el caso del cap and trade, el monto tranzado tendría que definirse a partir de los compromisos nacionales requeridos para cumplir con la visión de largo plazo. Asimismo, reconoce que los esfuerzos del sector de generación eléctrica se deben acompañar por acciones en los otros sectores emisores, identificando para cada uno los mejores instrumentos para ello. Complementariamente, también enfatiza la necesidad de avanzar en la implementación de medidas de adaptación costo-efectivas.

En cuanto a la protección de los ecosistemas, establece que al año 2035 el 100% de los proyectos energéticos entrarán en operación con un enfoque de Pérdida de Biodiversidad Neta Cero, lo que será vital para habilitar el desarrollo de nuevos proyectos energéticos, en particular, para una hidroelectricidad socio-ambientalmente compatible. Para lograrlo, destaca la exigencia de generar a la brevedad las bases de información sobre biodiversidad, especialmente en las cuencas con potencial hidroeléctrico y la implementación de la Guía para la Compensación de la Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente.

En cuanto al uso de combustibles, define una meta de al menos 65% de combustibles bajos en emisiones, incluyendo gas natural, biocombustibles, hidrogeno, leña con estándar de calidad, pellets, energía solar térmica, electricidad, entre otros, al año 2050. En particular para la leña, importante fuente energética que participa con más del 20% de la matriz y una de las principales responsables de la contaminación de las ciudades, propone lineamientos concretos para avanzar hacia la explotación y uso sustentable del patrimonio forestal, la formalización del mercado de la leña y la preservación de la salud de las personas.

La Hoja de Ruta 2050 genera además estrategias para el desarrollo de una infraestructura energética en forma compatible con los territorios, minimizando los impactos socio-ambientales, mejorando la relación con las comunidades y la pobreza energética. Traza un Plan Nacional Territorial de Energía que busca dar coherencia a los intereses de los diferentes actores a nivel nacional, regional y local, a fin de llenar el vacío de ordenamiento territorial que hoy afecta al sector.

En cuanto a la relación con las comunidades, instala un nuevo enfoque que permite transitar desde la lógica actual de compensaciones hacia una donde los proyectos energéticos se insertan dentro del concepto de desarrollo local buscado por las propias comunidades.

En relación a la pobreza energética, concepto que se aborda por primera vez en Chile, plantea una mirada integral que no solo busca asegurar una mejor cobertura eléctrica, sino velar por un costo razonable para satisfacer necesidades energéticas básicas y asegurar estándares mínimos de comodidad térmica y lumínica en los hogares vulnerables.

Avances sustanciales en materia de eficiencia energética y la gestión de la energía serán fundamentales para alcanzar las metas de mediano y largo plazo. Proyecciones indican que bajo escenarios agresivos de eficiencia energética, el consumo de energía eléctrica en Chile al año 2050 al menos se duplicaría, lo que implica unos 70 TWh adicionales o incluso más si el país es exitoso en electrificar el transporte y otros usos de combustibles fósiles.

La Hoja de Ruta 2050 aspira a instalar una cultura energética en la sociedad a nivel transversal. A nivel ciudadano define un nuevo rol para este como “prosumidor”, definido como un consumidor mucho más activo y responsable con el desarrollo energético, donde no solo consume, gestiona y se preocupa de los impactos de la energía, sino que también puede participar en su producción.

A nivel de viviendas y edificios, busca transformarlas mediante nuevos estándares para que el 100% de las edificaciones cuenten con sistemas de control y gestión inteligente de la energía y cumplan con estándares de sustentabilidad al 2050.

En el ámbito de transporte, persigue revertir la tendencia de un mayor uso de autos particulares, creando las condiciones para un transporte público de calidad, opciones no motorizadas y sistemas intermodales, gatillando además una transición hacia combustibles limpios, donde al año 2050 el 100% de los autos nuevos, 100% del transporte público en zonas con planes de descontaminación y 100% de los vehículos de carga sean de bajas o cero emisiones.

En cuanto a la industria y minería, sector que hoy consume el 38% de la energía del país, se desean profundizar los primeros pasos que hoy está dando este sector en el desarrollo de proyectos de autogeneración sobre la base de energías renovables, en particular energía solar. Esto mediante herramientas de gestión energética, un mayor aprovechamiento de los recursos energéticos locales y potenciales inherentes a los procesos productivos y un mayor reporte y gestión de emisiones.

Finalmente, la Hoja de Ruta 2050 visualiza a la energía como una condición esencial para el desarrollo, no solamente como un insumo, y busca transformarla en una industria del siglo XXI, como un nuevo motor de desarrollo local, generador de conocimientos y de bienes y servicios tecnológicos. Esto solo se logrará a través de esfuerzos relevantes en innovación y desarrollo productivo, focalizados en los grandes desafíos energéticos y aprovechando los recursos energéticos y ventajas comparativas del país. En particular, persigue desarrollar una Política de Ciencia, Tecnología e Innovación focalizada en los grandes desafíos energéticos, fortalecer la demanda por innovación y emprendimiento y generar las capacidades tecnológicas relevantes y así transformar a Chile en un proveedor principal de tecnologías y servicios en distintos focos estratégicos, partiendo por la industria solar.

Reflexiones finales
Energía 2050 pone de manifiesto que Chile es capaz de enfrentar un gran desafío país con una visión de Estado, encontrando acuerdos transversales para un sector que ha enfrentado serios problemas en la última década. Energía 2050 ha sido destacada como un ejemplo en la frontera de la elaboración participativa de políticas públicas, poniendo a Chile como un líder en estas materias. Un análisis de los aprendizajes del proceso es necesario para identificar su factibilidad para ser replicado en otros países o sectores.

La Hoja de Ruta 2050 es apenas el comienzo, pues la implementación de los diversos lineamientos y directrices planteados requiere de un compromiso de Estado y un mecanismo institucional. Es necesaria, por ejemplo, una ley que formalice y regule el seguimiento, monitoreo y revisión periódica de la política que se propone, de forma tal que se vele porque esta se exprese adecuadamente en las diversas leyes, regulaciones y estándares que involucra.

La transversalidad con que se aborda la energía comprende el quehacer de al menos siete Ministerios. Esto, sin duda, le da una mirada de Estado a la forma en cómo se trata el sector energético pero, a su vez, plantea un gran esfuerzo de coordinación en la asignación y seguimientos de las tareas y responsabilidades para el debido cumplimiento de la Hoja de Ruta y que deberá expresarse en un exhaustivo y claro plan operacional.

Metas como un mínimo de un 70% de energías renovables y de 65% de combustibles limpios en la matriz eléctrica y energética, respectivamente, profundizan las condiciones que habilitan el mercado de tecnologías limpias. Estas se suman y refuerzan medidas existentes como son los objetivos del 20% de energías renovables no convencionales y de 20% de eficiencia energética para al año 2025, respectivamente; así como la aplicación de un impuesto de US$ 5/ton CO2 desde el año 2017, siendo estos, además, elementos consistentes para un Plan de Acción para cumplir las INDC (véase Ley 20698).

La facilitación del comercio y la atracción de inversiones hacia estos mercados tendrán un rol clave en este sentido, pero siempre procurando generar los vínculos con el desarrollo local de forma tal que no se socaven las aspiraciones que la misma Hoja de Ruta 2050 precisa para la innovación y el desarrollo productivo.

Al mismo tiempo se plantean una serie de nuevos temas y desafíos en el ámbito de las políticas públicas que requieren la creación de nueva información, institucionalidad y capacidades. El concepto de pobreza energética, por ejemplo, necesitará en lo inmediato definir cuáles son estas necesidades energéticas básicas, medir e identificar aquellos hogares debajo de la línea de la pobreza energética y qué instituciones serán las responsables.

Asimismo, la meta de Pérdida de Biodiversidad Neta Cero al año 2035 requiere generar primero las bases de información sobre la biodiversidad a lo largo del país, guías sobre cómo hacer esta compensación en conjunto con el desarrollo de estándares de sustentabilidad ambiental para proyectos energéticos y solo entonces comenzar a operar con los primeros proyectos pilotos.

La identificación y promoción de las mejores prácticas internacionales, en particular para el desarrollo de proyectos hidroeléctricos socio-ambientalmente compatibles, serán fundamentales para dar cumplimiento a numerosas metas planteadas, para lo cual organismos multilaterales y organizaciones no gubernamentales pueden contribuir. Ello será complementario al trabajo sobre potenciales hidroeléctricos a partir de consideraciones técnicas, económicas, ambientales y culturales que hoy realiza el Ministerio de Energía de Chile en las diversas cuencas del país.

La implementación de la política energética hacia 2050 exigirá necesariamente de un mayor rol del Estado, no solo como garante de procesos de planificación integrada, estratégica y de largo plazo, asegurando la coherencia entre las políticas y acciones de los distintos Ministerios involucrados, sino también y de modo crucial, para velar por la correcta internalización de las externalidades que se buscan abordar. De esta forma se deberán potenciar la educación, innovación, formación de capacidades e instalación de los procesos de participación formales necesarios, de manera que se construya una relación virtuosa entre los distintos actores involucrados.

This article is published under
27 November 2015
Las Partes que integran la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) están por arrancar sus negociaciones anuales, esta vez en París, Francia. Los países han acordado...
Share: 
27 November 2015
En 2012, con la finalización del primer periodo del Protocolo de Kioto, el único instrumento vinculante con compromisos de reducción de emisiones en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre...
Share: