Lecciones de Estados Unidos: cuando la productividad en el corto plazo compromete la sostenibilidad

8 October 2018

Hoy en día resulta importante analizar los sectores de la economía desde la perspectiva de los tres pilares de sostenibilidad – económico, social y ambiental –, y no tan sólo desde la perspectiva económica por medio del producto interno bruto (PIB). Aunque parezca una afirmación simple, muchos países luchan contra este tema, pues ello requiere cambiar un modo de pensar que está fuertemente enraizado en la sociedad moderna.

 

Por décadas hemos medido el desarrollo observando principalmente el PIB, y ahora nos encontramos en una era en la cual mantener este enfoque no resulta solamente simplista, sino también problemático. El caso de los alimentos en Estados Unidos – un sector con una importante participación en el comercio internacional – es un ejemplo que debemos observar para no repetir los mismos errores.

 

Estados Unidos es actualmente el país más productivo en el sector de alimentos. Es también el mayor exportador mundial de productos y subproductos agropecuarios si lo medimos por el valor en dólares – US$ 140 mil millones para el año 2017, según datos aproximados del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por su sigla en inglés). China (US$ 22 mil millones), Canadá (US$ 20 mil millones) y México (US$ 19 mil millones) son los destinos más importantes.

 

La soja (US$ 24 mil millones) es el principal producto de exportación de Estados Unidos, seguido por el maíz (US$ 10 mil millones), las nueces (US$ 8 mil millones), la carne vacuna (US$ 7 mil millones), la carne suina (US$ 6 mil millones), el trigo (US$ 6 mil millones), el algodón (US$ 6 mil millones), los lácteos (US$ 5 mil millones) y las frutas frescas (US$ 5 mil millones).

 

De estos 10 productos de mayor importancia para la exportación de Estados Unidos, California (cuya superficie equivale a la de Paraguay) es el principal exportador de 4 de ellos (nueces, lácteos, frutas frescas, y ganado vacuno en pie). California representa actualmente el mayor productor de agroalimentos en valor monetario del país y, si fuese un país, sería el quinto mayor productor mundial, con un total de US$ 46 mil millones en el año de 2017, según el Departamento de Agricultura de California. El total de exportaciones agrícolas para el estado llegó a los US$ 20 mil millones en el 2016. Entre los productos de exportación agrícola los principales incluyen lácteos (US$ 6 mil millones), uvas (US$ 6 mil millones), almendras (US$ 5 mil millones), ganado vacuno en pie (US$ 2,5 mil millones), lechuga (US$ 2 mil millones), fresas (US$ 2 mil millones), pistachos (US$ 1,5 mil millones), tomates (US$ 1 mil millones), nueces (US$ 1 mil millones) y naranjas (US$ 800 millones). Cabe entonces analizar algunos ejemplos de este estado para ilustrar mejor nuestro punto en lo que se refiere a los tres pilares del desarrollo a ser considerados.

 

El ejemplo de California

 

Según datos de USDA, California produce entre el 70% y el 100% del valor total nacional (en dólares) de por lo menos 24 productos, incluyendo algunos como aguacates, almendras, brócoli, ciruelas, damascos, frambuesas, fresas (frutillas), kiwi, lechuga, mandarinas, nueces, pistachos, uvas y zanahorias. En general, este estado es el mayor productor de frutas y vegetales del país y se ubica entre los mayores del mundo. Además, está entre los mayores productores de leche (en litros) y cuenta con el mayor número de cabezas de ganado lechero en los Estados Unidos[1]. California es también el cuarto productor nacional de ganado de reproducción para consumo de carne (cow-calf beef livestock operations), contando con 5,2 millones de cabezas. Estos productos fueron elegidos aquí no sólo por su ranking, sino también porque la mayoría de ellos requiere de un alto uso de agua, tierra (en área e impacto del suelo) y/o mano de obra, los cuales tienen implicaciones importantes en los tres pilares de la sostenibilidad.

 

Entre los mayores desafíos ambientales de la actividad agropecuaria está el uso del agua: su consumo en cantidad, y la contaminación de esta a través de las infiltraciones. Aquí hay que considerar principalmente dos aspectos. Primero, que el acceso a los recursos hídricos es local – es decir, la cantidad de agua disponible para la producción depende de la geografía del lugar. Segundo, los diferentes sistemas hídricos se interconectan con otros que ya no son necesariamente considerados locales desde el punto de vista municipal o del condado. En el caso de California, ambos aspectos son preocupantes. Por ejemplo, el agua que riega la producción de vegetales muchas veces requiere de irrigación. Al mismo tiempo, esa agua (de lluvia o de irrigación), al pasar por contacto con químicos de fertilizantes y pesticidas en el suelo, se infiltra y penetra en el subsuelo. En algún momento esos químicos llegan a las aguas subterráneas que muchas veces se conectan a ríos, lagos y océanos.

 

En las regiones agrícolas donde se produce la mayor concentración de frutas y vegetales de los Estados Unidos – Imperial Valley, Central Valley y Salinas Valley–, California no solo enfrenta constantemente sequías de corto plazo, sino también una sequía prolongada de largo plazo (la más reciente duró 5 años). Las estadísticas presentadas pueden a veces simplificar el impacto del uso del agua. Por ejemplo, en términos generales, el 30% de las huertas y el 18% de otras áreas de producción de vegetales del estado son irrigadas. Pero si consideramos que California es también el estado con mayor concentración de producción de frutas y vegetales y que enfrenta una sequía de largo plazo, estas cifras de irrigación resultan significantes. Los siguientes ejemplos de galones (1 galón equivale a 3,78 litros) utilizados para algunos productos sirven para ilustrar una preocupación ambiental que debe ser considerada de forma más estratégica. Para producir una taza de lechuga se necesitan 3 galones de agua; 120 gramos de un tomate requieren 8 galones de agua; 1 cabeza de brócoli, 5,4 galones; 1 nuez, 4,9 galones; 1 pistacho, 0,75 galones; 1 fresa, 0,4 galones; 1 galón de vino requiere 872 galones de agua; 450 gramos de carne vacuna, 1.847 galones de agua; 450 gramos de queso, 381 galones; 450 gramos de manteca, 665 galones; y 450 gramos de arroz requieren 299 galones.

 

Estas cifras nos permiten concluir nuestro breve análisis, que demuestra el impacto ambiental (pilar ambiental) en el estado de California, que actualmente es el mayor productor de agroalimentos en un país que, a su vez, es el mayor exportador del mundo.

 

Ahora, analizaremos el pilar social. En el condado de Yolo, California, casi la mitad de las personas que cosechan las frutas y vegetales no cuentan con suficientes alimentos para su consumo anual. California produce el 90% de los tomates enlatados y procesados de los Estados Unidos y el 35% de la producción mundial, mientras que una gran parte de esta producción corresponde justamente al condado referido. Dentro de este, el promedio de personas que son afectadas por la falta de seguridad alimentaria es tres veces mayor que el promedio nacional, según datos publicados por el California Institute for Rural Studies en el año 2015.

 

Esto no ocurre solo en la producción, pues, a nivel nacional, el 20% de las personas que cocinan y sirven alimentos en los restaurantes poseen alto riesgo de sufrir las secuelas de la inseguridad alimentaria. Al no ganar lo suficiente para cubrir sus gastos de alimentación mensual, muchos de ellos saltan comidas diariamente, a veces no comen en el afán de que sean sus hijos quienes lo hagan y, en otras ocasiones, dejan de comprar remedios. Cuando califican y reciben ayuda del gobierno federal, a través del programa de food stamps (subsidios de alimentos para familias clasificadas bajo el nivel de pobreza estadounidense), no siempre les abastece. Esto en un país que gasta US$ 1,6 trillón al año en alimentos y en el cual el nivel de pobreza depende de una fórmula que no se actualiza desde la década de 1960.

 

Existe también un creciente problema con los productores agropecuarios, ya que el 40% de ellos declaró ganancias agropecuarias por debajo de US$ 1.000 anuales. En otras palabras, muchos de los productores agropecuarios estadounidenses también se encuentran bajo el nivel de pobreza: algunos reciben food stamps y, en varias familias, el esposo y/o la esposa toman trabajos extras fuera de la granja para poder alimentar a sus familias.

 

Para muchos consumidores estadounidenses, los precios bajos se deben a la abundancia de alimentos que existe hoy en los Estados Unidos. El 9,8% promedio del ingreso disponible se gasta en alimentos. Lastimosamente, esta cifra no da fe de los obstáculos enfrentados por las personas con salarios bajos. El sector alimentario es el mayor empleador en la economía estadounidense: genera alrededor de 22 millones de empleos, cifra que ha crecido 16% entre el 2010 y 2016.  Muchas de las familias que trabajan en la industria de producción de alimentos más eficiente del mundo, gastan más del 30% de sus ingresos para alimentarse. Irónicamente, este es el sector con el mayor porcentaje de personas en el programa de food stamps, con un promedio de 2,2% por encima de los otros sectores – un porcentaje que también viene aumentando desde el año 2010. En el año 2016, el 13% de estos trabajadores dependía de food stamps, uno de los programas que en este momento se encuentra bajo la mira del actual gobierno. Comparado con otras industrias, los trabajadores de este sector reciben los salarios más bajos. Así, por ejemplo, el salario medio de un estadounidense era de US$ 51.900 anual en el año 2014 según el Censo de Estados Unidos, mientras que el salario anual medio para los trabajadores de primera línea es US$ 36.468. Por su parte, datos publicados por el Food Chain Workers Alliance y por el Solidarity Research Cooperative en 2016 muestran que el sueldo anual promedio de los trabajadores de primera línea del sector de alimentos es de US$ 16.000.

 

Estos datos nos hacen pensar que podríamos usar el modelo estadounidense para entender la importancia de considerar la producción de alimentos desde un punto de vista holístico, incluyendo no sólo su contribución al PIB, sino también su impacto social y ambiental. Nuestro análisis nos lleva a la pregunta, ¿cómo es que California, el estado que más sufre con el tema del agua, se convirtió en el mayor productor agrícola en los Estados Unidos, siendo que la agricultura utiliza el 70% de los recursos de agua?

 

En las ciudades, los residentes son exigidos a conservar el agua, mientras que el sector agrícola es un exportador mundial. La ciudad de San Diego hoy recicla directamente agua de la cloaca para consumo de sus residentes. Es cierto que esto representa un avance tecnológico muy importante, pero a la vez debería forzarnos a analizar cómo nuestra sociedad está utilizando nuestros recursos naturales.

 

Consideraciones finales

 

Las desigualdades socioeconómicas en los Estados Unidos vienen aumentando desde los años 1980, y este sector es uno de los que más sufre en este aspecto. No se trata simplemente de ofrecer trabajo, sino también de pensar qué tipo de trabajo o qué condiciones de trabajo se brindan para no contribuir a la desigualdad socioeconómica. Cuando se trata de alimentos, las preguntas no pueden restringirse a: ¿cuánto produce un país? ¿Cuánto ha crecido? ¿Cuánto exporta? ¿Cuánto cuestan los alimentos? También debemos preguntarnos, por ejemplo: ¿cómo se distribuye esta producción y crecimiento? ¿Cuáles son los impactos en los diversos estamentos de su población? ¿Contribuye este crecimiento en el aumento o la disminución de la desigualdad? ¿Cuál es el impacto en el suelo a través a lo largo del tiempo, en términos de micronutrientes o pérdida del suelo superficial? ¿Cuál es el impacto en el sistema nacional de aguas? ¿Cuál es el impacto en la nutrición y salud nacional?

 

En suma, para las sociedades de América Latina, el ejemplo de Estados Unidos nos muestra que no deberíamos fascinarnos con un solo modelo de producción (enfoque de productividad) o de integración al mercado internacional. Como se ha visto, existe toda una dimensión oculta detrás de un esquema que, muchas veces, se muestra como incuestionablemente exitoso.

 

Además, existen varios enfoques y tendríamos que ser flexibles para adaptarlos a las diferentes necesidades de la población de un país, considerando sobre todo aquello que normalmente se acompaña pero a la vez se ignora al hablar del éxito económico, en lo que se refiere al impacto ambiental, inequidades e inseguridad alimentaria.

 

* Maria Elba Rodriguez Alcaláes profesora de Ciencias Sociales Aplicadas de la Universidad de Missouri.

** Mary Hendricksones profesora de Ciencias Sociales Aplicadas, investigadora del Centro Interdisciplinario de Seguridad Alimentaria y orientadora del programa en Agricultura Sostenible de la Universidad de Missouri.

*** William McKelvey es coordinador del Centro Interdisciplinario de Seguridad Alimentaria, Universidad de Missouri.




[1] Según el USDA, había 1,8 millón de cabezas de ganado lechero en el año 2016.

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