Migración y desarrollo: oportunidades y desafíos

21 July 2008

Entre los desafíos del siglo XXI y de la globalización, destaca el fenómeno migratorio con sus múltiples factores de carácter económico, social, cultural, histórico, demográfico, tecnológico y psicológico. Mucho se habla y se escribe sobre los flujos migratorios, sobre sus consecuencias, sobre sus implicaciones para la seguridad y el empleo; pero poco o nada se dice de sus causas, principalmente las socioeconómicas, y de sus vínculos con el desarrollo, aspectos que interesan para el objetivo del presente ensayo. ¿Cómo evitar los enfoques parciales que prevalecen hasta el momento?

Consideraciones importantes

Frente a la complejidad del fenómeno hace falta una nueva visión sobre la migración internacional que ayude a la comprensión profunda y amplia de este fenómeno tan antiguo como la humanidad. Para ello se requiere un enfoque multidimensional que supere las políticas unilaterales centradas solamente en la noción de “control y gestión de la migración”, y que promueva las contribuciones positivas de la migración al desarrollo.

Debemos comenzar por reconocer que la migración siempre existirá, cada vez de una manera más compleja, no solamente del sur al norte, sino también sur-sur, del norte al sur y al interior de los países. Es imposible detener la migración por decreto o por la imposición de muros, porque hay países que necesitan trabajadores, y a su vez hay trabajadores que requieren oportunidades de empleo. Del mismo modo, los desastres naturales, el cambio climático, el aumento de los precios de los productos básicos, y la grave crisis alimentaria, son factores que seguramente propiciarán un aumento en los flujos migratorios durante los próximos años.

Los enfoques parciales que se siguen en algunos organismos que no pertenecen al sistema de las Naciones Unidas –Organización Internacional para las Migraciones, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico y la OMC, por ejemplo-, generan respuestas coyunturales que no necesariamente toman en consideración la importancia de promover el desarrollo de las comunidades de origen, ni la responsabilidad compartida entre los países de origen y destino.

Organizaciones como la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés), de clara vocación de combate a la pobreza, podrían contribuir, a través del análisis y la investigación, a construir consensos que permitan encontrar soluciones para disminuir las causas de la migración, y por ende, lograr flujos más ordenados.

En el Acuerdo de Accra, adoptado el 25 de abril de 2008 en el marco del 12º período de sesiones de la UNCTAD, la institución reconoció, mediante el análisis y las respuestas de política, que la comunidad internacional debe ir más allá del enfoque de “gestión de la migración” y adoptar una orientación integral que considere las causas y los efectos de la migración, así como los retos que plantea para los Estados expulsores, receptores y de tránsito. Esta nueva perspectiva permitirá comprender mejor la contribución del migrante al desarrollo y dar respuestas de largo plazo dentro del mandato de la UNCTAD.

La relación entre migración y desarrollo

Es ampliamente reconocido el vínculo entre migración y pobreza. Mientras un número importante de personas no encuentre en su propio país un entorno económico y social que le permita su pleno desarrollo y bienestar e incentive su permanencia, habrá condiciones para emigrar. Lo importante entonces es buscar propiciar una migración por elección y no por necesidad. Por una parte, los acuerdos bilaterales de trabajadores temporales son una respuesta parcial frente a la magnitud del fenómeno. Por otra, favorecen a los prestadores de servicios y al personal calificado, sin reconocer que, en el caso de muchas regiones, como sucede en América Latina y el Caribe, un número considerable de migrantes son semi calificados o no calificados.

Un enfoque de desarrollo debe conceptualizar la relación migración-desarrollo en ambas direcciones, es decir, entre el país que expulsa y el que recibe; y reconocer que es un fenómeno global (expansión territorial). Hay efectos positivos y negativos en ambos sentidos: por una parte tenemos la fuga de cerebros que afecta seriamente a varias regiones, pero principalmente a África; por otra, tenemos el impacto que puedan tener las remesas en el desarrollo de las comunidades locales.

No se puede tener la concepción de los “efectos automáticos” que producen las remesas, dado que éstas son, al fin y al cabo, salarios que son transferidos a familias para su consumo. Las remesas son capital privado que pudiera orientarse, de manera concertada, al desarrollo de las comunidades de donde proceden los migrantes.

Las posibles soluciones pueden buscarse en la integración de los migrantes en las comunidades de destino, sin perder de vista que el respeto de sus derechos humanos es fundamental para el desarrollo. Otra opción es la creación de un modelo integral de desarrollo cuya instrumentación esté sustentada en una estrategia de cooperación, tanto a nivel nacional como trasnacional, y que permita atender adecuadamente las causas y los efectos económicos y sociales de la migración.

Es posible que en el marco de Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo que se celebrará en Filipinas en noviembre de este año, se pueda avanzar en una discusión integral del fenómeno migratorio, incluyendo el debate fundamental de los derechos humanos de los migrantes y su contribución al desarrollo. Pero nuevamente, el citado Foro no es una agencia especializada y el trabajo que realiza será de alcance limitado.

Por el momento no existe un foro único en las Naciones Unidas que atienda el tema en su totalidad. La Organización Internacional del Trabajo realiza una labor importante en el área de su mandato, mientras que la UNCTAD ha centrado su análisis en las negociaciones sobre servicios, particularmente el Modo 4, que se refiere al movimiento de personas físicas.

Después de Accra, la UNCTAD tratará de abordar la cuestión de una manera más amplia e integral, con análisis y respuestas de política. De igual manera, buscará trascender los enfoques parciales y respuestas coyunturales con la finalidad de adoptar una perspectiva que considere las causas y efectos de la migración y que sitúe al migrante, como persona, en el centro de toda política de desarrollo.

Asimismo, la institución debe ser capaz de identificar soluciones que tomen en cuenta a todos los migrantes, tanto calificados como no calificados. Esto porque existe una tendencia a privilegiar en el análisis o en posibles soluciones a la primera categoría sin considerar que la segunda (en gran medida indocumentada) es altamente demandada por los mercados de trabajo de destino.

Sobre este último aspecto debería insistirse en soluciones que reconozcan cabalmente las enormes necesidades de los mercados de destino y el impulso natural del fenómeno migratorio. También se deberían identificar soluciones viables (acuerdos de trabajadores temporales, migración circular u otro tipo de arreglos) a la altura de las circunstancias; y evitar la penalización y discriminación de los migrantes que responden al poder de atracción de
las economías.

Análisis y respuestas de política

En los párrafos 56, 82 y 95 del Acuerdo de Accra los Estados miembros de la UNCTAD reconocieron la necesidad de que los países tomen en consideración la dimensión de la migración en las áreas de cooperación mundial, regional e interregional. El propósito es facilitar el diálogo, el intercambio de información y experiencia, sin olvidar la colaboración entre países de origen, tránsito y destino con el objeto de que se aprovechen plenamente los beneficios que aporta la migración a la comunidad mundial. Esto también fue reconocido en la Resolución de la Asamblea General 61/208, de diciembre de 2006, que fue adoptada por consenso y que pide a todos los organismos y programas de las Naciones Unidas que aborden, desde sus respectivos mandatos, el vínculo entre la migración y el desarrollo.

Con independencia del tipo de solución que finalmente se adopte, los hechos que no se pueden negar son los siguientes: En primer lugar, que hay un grupo muy grande de trabajadores en condiciones irregulares que por diversas razones ha emigrado para buscar un trabajo, llevando muchos de ellos a sus familias. En segundo, que existe un diferencial de salarios entre lo que aspiran percibir en el lugar destino y lo que pueden ganar en sus lugares de origen.

Regularizar la situación de los trabajadores indocumentados seguramente causaría presiones para que aumenten los costos laborales de las empresas, que tendrían que ofrecer las prestaciones de ley, por lo que el salario neto de los trabajadores se vería reducido. De no darse una medida que regularice la situación, muy probablemente la situación general para los trabajadores sin documentos se mantendría igual en términos de salarios, empleo y costos laborales.

El flujo de personas que desea emigrar dependerá así del desempeño relativo de las economías. Si hay crecimiento en los países de destino, sobre todo en el sector industrial exportador, el número de trabajadores que demande la industria crecerá de tal forma que sería imposible detener el flujo migratorio. Aunado a ello, si el crecimiento en los países de origen no es sostenible, o se centra en actividades como la construcción, el comercio y los servicios de baja productividad, seguiremos viendo flujos migratorios, no debido a la falta de oportunidades, sino al diferencial de salarios.

En los párrafos 122, 143 y 170 del Acuerdo de Accra se menciona que una gran proporción de los ingresos de los migrantes se gastan en los países de destino, y que éstos constituyen un importante estímulo a la demanda interna en las economías de esos países. Se sugiere también que la comunidad internacional tome medidas que permitan maximizar los beneficios que recaban las personas de las remesas enviadas por los migrantes a través de la reducción de los costos de transacción y un mejor acceso a servicios financieros para los migrantes y sus familias; todo ello sin dejar de respetar su carácter de fondos privados.

Para evitar especular sobre el posible efecto de la regularización de trabajadores sobre el flujo de remesas, y por lo tanto, sobre el bienestar de quienes reciben estos recursos, la UNCTAD podría realizar un análisis serio sobre el efecto para el migrante y su comunidad de origen.

Algunos analistas sostienen que el flujo de remesas podría reducirse ya que al tener acceso a los servicios del sistema financiero, los trabajadores podrían ahorrar y con ello entrar plenamente en el sistema del país de destino, que otorga crédito a todo aquel que tiene un pago garantizado. Conforme vayan entrando más trabajadores al sistema, se reducirían los flujos de remesas; aunque también existe la posibilidad de que los trabajadores solamente ahorren y en lugar de efectuar envíos periódicos, elijan la opción de manejar cuentas que les permitan acceder a sus recursos en cualquier lado de la frontera. Quienes resultarían afectados bajo esta opción serían todos aquellos que intervienen en el envío de remesas, en la recepción y en el canje.

En el tema migratorio también debe considerarse que los papeles de género han cambiado, principalmente en América Latina y el Caribe: ahora son las mujeres y no los hombres los que buscan una mejor oportunidad en el extranjero. De acuerdo con datos del Instituto Internacional de Investigación y Capacitación de las Naciones Unidas para la Promoción de la Mujer (INSTRAM), el 54 % de los migrantes en América Latina son mujeres y en el mundo es el 48%. Esto se explica en parte porque en general hay más oportunidades en el mercado laboral para la mujer que para el hombre. Dado el envejecimiento de la población, las mujeres encuentran oportunidades en las cadenas de cuidado, en hospitales y hogares. Asimismo, el aumento de la migración femenina está teniendo cambios en el envío y uso de las remesas en los países de origen. Hay estudios que señalan que la mujer representa el grupo más vulnerable frente a los abusos y la discriminación.

Reflexiones finales

Temas críticos como los efectos económicos y sociales de la migración, la migración de personas calificadas, la migración femenina y cómo asegurar que los programas de migración temporal sean positivos tanto para los países de origen como para los de destino, deberán discutirse a fondo tomando en cuenta la soberanía de los países, el desarrollo y el equilibrio económico y social. No debemos soslayar que los países de origen corren el riesgo de perder algunos de sus escasos recursos, no sólo por lo que respecta a los trabajadores calificados, sino también a la inversión pública en la formación y educación de esos trabajadores. Una posible solución del complejo y multidimensional fenómeno migratorio, podría estar en un manejo adecuado de los flujos migratorios a través de un consenso en lo que se refiere a prioridades y valores compartidos en los países de origen, tránsito y destino, en el que se pueda sustentar un marco para la acción conjunta.

El Consenso de Sao Paulo reforzó el papel de UNCTAD en la esfera de los servicios, incluyendo Modo 4. Ahora, el Acuerdo de Accra, lanza un reto abierto a la UNCTAD y a sus Estados Miembros en momentos en que la política migratoria se ha endurecido en los países desarrollados de destino, principalmente en la Unión Europea, Estados Unidos, Suiza y Canadá.

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