Mitigar el cambio climático: un problema muy financiero

20 December 2010

Rodrigo Gallegos* y Rodrigo Franco**
Tras una larga discusión y una buena labor de convencimiento de unos cuantos, estamos cerca de llegar al consenso de que nuestro planeta se calienta por nuestras acciones. Invertimos muchos años en el diagnóstico de la enfermedad para estancarnos en recetar la cura (casi 20 años). Los autores consideramos que el debate se puede acotar si se basa en números robustos y lo resolvemos con lupa financiera. ¿Cuánto cuestan las políticas encaminadas a disminuir los impactos climatológicos y cuál es el impacto financiero de dichas acciones?
Reflejar el costo y beneficio de mitigar los gases efecto invernadero nos permite comparar las inversiones necesarias contra el costo de la inacción, así como de las diferentes inversiones. Por ejemplo, para México encontramos un grupo de acciones de mitigación que implican importantes ahorros económicos, sin considerar los beneficios sociales o ambientales de reducir emisiones. Es decir, acciones en las que deberíamos invertir simplemente por ser más eficientes.
Aunque el problema de cambio climático es multidimensional, el análisis financiero, aún sin internalizar todas las externalidades positivas, resulta muy útil ya que permite ordenar las acciones de mitigación. En la siguiente gráfica se muestran las acciones con retornos positivos a la inversión ordenadas por sus tasas de retorno.
Gráfica 1. Tasas de retorno a la inversión de acciones de mitigación para México 2010 (ver en PDF adjunto).

Motores ind =Acelerar el retiro de los motores industriales obsoletos de alto uso y sustituirlos por motores de alta eficiencia. Gen Biomasa= Instalar una capacidad de generación de energía con biomasa (madera) de 5,000w.
Eficiencia CFE=Sustituir varios equipos auxiliares en centrales eléctricas y en las redes de transmisión y distribución.
Fugas gas= Reducir las emisiones por fugas de gas natural mediante el reemplazo de sellos de 46 compresores.
Fuente: IMCO con datos del Banco Mundial (MEDEC 2009)
Como muestra la gráfica, acciones como la co-generación en Pemex (la segunda de las acciones de izquierda a derecha en la curva) implica ahorros muy importantes en el consumo y pago de energía eléctrica ya que su tasa de retorno es cercana al 80%. Pero además reduce 26,7 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono equivalentes al año 2030 (ver eje horizontal). En otras palabras, aprovechar el calor del proceso de transformación petrolera implica no sólo grandes ahorros económicos, sino una importante contribución al medio ambiente de cerca del 5% de las emisiones totales esperadas del país a 2030.
Aunque en el cálculo no se incluyeron los costos institucionales de implementar dicha acción[1], la rentabilidad de la co-generación es más de seis veces el costo del capital promedio (12.5%) de las empresas que cotizan en la bolsa mexicana de valores[2]. Por lo tanto, ya sea por el retorno económico o por el beneficio ambiental, dicha inversión es una  de esas que es deseables a todas luces. Además, el cálculo no considera el posible ingreso de vender bonos de carbono de las toneladas de emisiones evitadas que en teoría alcanzaría los US$ 427 millones al año[3], lo que aumentaría aún más el retorno a la inversión.
La pregunta entonces es, ¿si estas inversiones son rentables económicamente, porqué no las estamos haciendo? Para contestar esta pregunta agregamos una variable de análisis más, la inversión inicial (gráfica 2).
Gráfica 2. Tasas de retomo vs. costo de capital e inversión inicial de inversiones de mitigación para México 2010 (ver en PDF adjunto)

Fuente: IMCO con datos del Banco Mundial (MEDEC 2009)
Como muestra la gráfica anterior, acciones como la co-generación en Pemex requieren de grandes inversiones iniciales, alrededor de US$ 3 mil millones (ver barra vertical en la parte inferior del eje), lo que explica en parte el retraso en el proyecto.
Sin embargo, otros proyectos como la sustitución de motores obsoletos de uso intensivo en las plantas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), si bien no reducen tantas emisiones (6.2 millones de toneladas), implica ahorros económicos importantes al erario público (genera una tasa interna de retorno a la inversión cercana al 90%) y sólo requiere US$ 300 millones de inversión inicial.
Para entender lo que frena este tipo de inversiones se requiere más análisis, pero ordenar las acciones de mitigación por su retorno a la inversión y contrastarlo con las inversiones iníciales y el costo del capital, ayuda a dividir el análisis en tres.
Por un lado, un primer grupo de acciones con alta eficiencia económica (aquellas en el rectángulo rojo de la gráfica 2) sólo requieren destrabar ciertos inhibidores y encontrar esquemas de financiamiento blandos cuando impliquen cuantiosas inversiones iniciales. Estas son acciones que se deben realizar[4] independientemente de su beneficio ambiental. De esta forma la perspectiva financiera permite identificar acciones en las que todos ganamos y por lo tanto todos podemos estar de acuerdo. Esta perspectiva genera los cimientos de los cuales podemos partir para un acuerdo más complejo e incluyente, en donde no necesitamos complicados consensos ni largas discusiones.
Por otro lado, un segundo grupo de acciones son las que se encuentran fuera del rectángulo rojo, es decir aquellas que aunque tienen retornos positivos no cubren los costos de capital para hacerlas. Para este grupo se requiere contestar: ¿quién asume los costos y beneficios de las externalidades positivas de cada acción?; ¿cuánta inversión se requiere para que los retornos superen el costo de capital y cuáles son los mecanismos financieros locales o internacionales que las hacen costeables?
Las respuestas a estas preguntas implican un análisis más sofisticado. Sin embargo, dichas acciones pertenecen a un universo más acotado y parten de la base que existe cierto retorno sobre el cuál trabajar, lo que simplifica el trabajo de priorizar las inversiones en mitigación.
Por último quedan aquellas acciones cuyo retorno a la inversión es negativo. Sobre éstas se centrará el debate más largo y tortuoso futuro, pero por lo pronto éstas ya sólo representan poco más del 35% del total de emisiones a abatir. Es decir, mientras debatimos sobre estas acciones podemos avanzar en los dos primeros grupos.
Por esta razón, el Instituto Mexicano para la Competitivdad se encuentra calculando tres curvas de retornos a la inversión para las acciones de mitigación contempladas en el Programa Especial de Cambio Climático del gobierno federal mexicano. Con dicho análisis, pretendemos elaborar una matriz de decisiones que sirva al gobierno y a la sociedad en general para priorizar las acciones y las adecuaciones necesarias a cada una de ellas para así detonar más inversiones de mitigación en el corto, mediano y largo plazo.
*Director de tecnología y medio ambiente del Instituto Mexicano para la Competitividad. rodrigo.gallegos@imco.org.mx
**Investigador del  Instituto Mexicano para la Competitividad. rodrigo.franco@imco.org.mx
[1] No se incluyeron dichos costos por implicar un alto costo en tiempo de investigación y no considerar que cambien de manera trascendente las conclusiones.
[2] Para las 106 empresas que cotizan en la bolsa mexicana de Valores se encontró que el costo de capitalización es de 12.5% en promedio variando entre 22 y 6%. El costo de oportunidad del capital social es un tema de discusión amplio, por ejemplo podríamos considerar que este costo es la tasa a la que se fondea el gobierno, el fondeo en cetes es apenas superior 4%.
[3] Considerando los 16 dólares por tonelada de carbono que estima el Environmental Defense Fund para 2011.
[4] Sin incorporar por un lado los ingresos por venta de bonos de carbono por emisiones evitadas o bien el pago de servicios ambientales para el caso de proyectos forestales. Asimismo no se consideraron costos organizacionales o de transacción para desarrollar dichas iniciativas.

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