Servicios de pymes en el comercio internacional: oportunidades y desafíos

15 July 2015

Las empresas que participan en el comercio internacional son, en promedio, más grandes, más productivas y más frecuentemente son de propiedad extranjera que aquellas que ofrecen sus servicios solo dentro de una economía local. Sin embargo, existen numerosas oportunidades para que las pequeñas y medianas empresas (pymes) ingresen al comercio internacional.[1]

Los servicios se han convertido en una fuente cada vez más importante de ingresos para las empresas manufactureras. Dichos negocios suman alrededor del 35% del total de exportaciones de servicios de Italia y 12% del Reino Unido, mientras que en Francia 14% de los exportadores de servicios de negocios están registrados como empresas manufactureras.

Es más probable que las empresas que operan principalmente en el sector de servicios exporten tantos servicios como su tamaño les permita. A mediados de la década del 2000, la proporción de servicios exportados por empresa en Finlandia fue de 6% en las empresas con 1 a 9 empleados, 10% en aquellas con 10 a 19, 30% de las que operaban con 50 a 249 empleados y 60% en aquellas con 250 o más empleados.

Francia, Irlanda y Eslovenia siguen patrones similares, aunque el total de exportadores es mucho más pequeño en Francia, mucho más grande en Eslovenia y ligeramente mayor en Irlanda.

Desafortunadamente, no existe información similar para los países de América Latina, pero un panorama general muestra que las pymes y las nuevas empresas están menos orientadas a la exportación que las de otras regiones, incluyendo Asia y África en desarrollo.

La Enterprise Surveys del Banco Mundial, la cual cubre un conjunto de compañías en cada país, reporta que 13% de las pymes y menos del 5% de las pymes en servicios en América Latina y el Caribe exportan más del 1% de sus ventas. Entre los países más grandes, Argentina y Colombia tienen la mayor parte de las pymes que presentan una orientación exportadora, mientras que México y Venezuela cuentan la menor proporción.

No obstante lo anterior, hay sectores de exportación de servicios donde las pymes han entrado con éxito. En el área de servicios de biotecnología que apoyan al sector primario de Brasil, 85% de las firmas en 2011 tenían menos de 50 empleados y un cuarto de las firmas del sector exportó.

En Costa Rica, por su parte, los servicios de software e información son una importante industria exportadora y aun cuando la mayor parte de los exportadores se encuentran afiliados a multinacionales extranjeras, hay una interesante participación de compañías locales, sobre todo en servicios de tecnologías de la información. La mayoría de estas, hacia 2010, eran pequeñas empresas con 15 empleados en promedio y cerca del 10% de las firmas locales exportó.

Las pymes comercian servicios directa e indirectamente
Las pymes exportan servicios directamente a los mercados extranjeros a través de plataformas digitales u otros medios, exportan de forma indirecta al brindarle servicios a las ramas locales de empresas multinacionales o bien venden a exportadores locales. También interactúan con compañías extranjeras por medio de acuerdos de franquicia y utilizando plataformas extranjeras para gestionar sus negociones localmente.

Los empresarios del siglo XXI tienen acceso a canales de información y comunicación de alcance global a muy bajo costo. En el mundo virtual, el desarrollo de productos digitales requiere de talento, habilidades e imaginación, pero también es cierto que es posible duplicarlos y venderlos a costos marginales bajísimos o bien generar ganancias gracias a la publicidad segmentada.

En este escenario, las compañías pequeñas pueden producir un producto especializado de consumo global. Las nuevas empresas de alta tecnología en ingeniería, diseño, juegos de computadora, aplicaciones y otros servicios computacionales son pymes globales.[2]

Internet suele verse como un espacio comercial global sin límites, en donde los empresarios pueden encontrar clientes en cualquier lugar del mundo. Sin embargo, esto no podría estar más alejado de la realidad. Las ventas a un nicho de mercado global no se dan por sí solas.

Algunos de los problemas que se encuentran fuera de la red existen también “en línea”. Una vez que un producto (o vínculo para llegar a él) se sube a una plataforma, portal o red digital y se publica su existencia podría todavía requerirse de una amplia campaña publicitaria para atraer la atención del mercado objetivo y motivar la compra. Una vez que se logró vender el producto será necesario establecer comunicación con los clientes.

Estos son, precisamente, puntos débiles de las pymes. Las nuevas empresas de tecnología suelen armarse con ingenieros y otros expertos en tecnología, pero comúnmente dejan fuera a publicistas y estrategas de negocios en la fase de creación de las empresas.

Es más, las empresas de tecnología necesitan continuar innovando, creciendo o ambos para mantenerse competitivas. Compañías de biotecnología, por ejemplo, en Argentina y Brasil que fallan en lo anterior son comúnmente no rentables e incapaces de establecerse en mercados extranjeros.

Esto no implica que las pymes no puedan impactar las redes sociales sin la necesidad de grandes esfuerzos publicitarios, pero es posible que las que lo hacen sean unas cuantas que corren con suerte.

En un estudio reciente de la Comisión de Comercio Internacional de los Estados Unidos (USITC, por sus siglas en inglés) se reveló que solo un tercio de las ventas en línea de las compañías con fuerte presencia digital se entregaron digitalmente en Estados Unidos. Las pymes representaron 24,3% de las ventas en línea y 22,8% de las entregas digitales. La participación en las ventas entregadas digitalmente es mucho mayor cuando se trata de exportaciones, pues representan 40,6% de las ventas en línea. La cifra comercial no distingue entre empresas grandes o pequeñas, pero queda claro que las pymes aportan un porcentaje muy bajo de ventas en línea en ese país.

Vale la pena observar que las importaciones en línea de los Estados Unidos son menos de la mitad de las exportaciones y solo 6,2% se entregan de forma digital.[3] Debido a que estas cifras surgen de una encuesta no hay información disponible sobre los números absolutos de pymes que participan en el comercio digital y en qué sectores lo hacen.

En América Latina y el Caribe, cerca del 45% de las pymes cubiertas por la encuesta del Banco Mundial ya mencionada reportó tener su propio sitio en Internet, solo superadas por aquellas en mercados emergentes de Europa del Este y Asia Central.

Comprar servicios en línea requiere un alto grado de confianza. Los sistemas de pago seguro, plataformas de Internet y portales con marcas confiables han aumentado la confianza de los consumidores que compran en línea. Es posible que los pequeños hoteles ubicados fuera de los circuitos turísticos, por ejemplo, no recibirían tantas reservaciones de turistas extranjeros si no se publicitaran en esos portales de confianza. Tanto la confianza como los servicios de pago seguro son fundamentales para las ventas en línea de productos entregados en línea.

 

“Las regulaciones más engorrosas presentan costos para todas las compañías. Por lo mismo, antes de liberar a las pymes de dichas regulaciones o compensarlas por medio de subsidios sería mejor que los gobiernos busquen la manera de simplificarlas y transparentarlas para todos a la vez.”

 

El caso de las franquicias
Gran parte del comercio de servicios de las manufactureras incluye servicios entre ramas, regalías, franquicias y publicidad. Las pymes están involucradas en este mercado principalmente a través de franquicias de servicios de venta y posventa.

Los franquiciadores suelen firmar acuerdos con pymes prestadoras de servicios locales para obtener servicios publicitarios, de distribución, venta y reparación de productos. Ejemplos de ello son los concesionarios de coches, por ejemplo, que operan según lo establecido en acuerdos de franquicia con fabricantes automovilísticos; estaciones de gasolina con tiendas multiservicios y acuerdos firmados con compañías petroleras y minoristas; bares que funcionen como franquicias de cerveceras o estéticas y salones de belleza operan como franquicias de fabricantes de productos de belleza y cuidado del cabello. Las franquicias también son comunes en los sectores de servicios como restaurantes de comida rápida, consultoría y bienes raíces.

No debe olvidarse que las franquicias han detonado preocupaciones antimonopolio relacionadas a los acuerdos de exclusividad, territorios exclusivos, vinculación de productos y permanencia de precios al menudeo, por mencionar solo algunos. En otros casos la preocupación se ha centrado en los derechos mismos de las franquicias.

Sin embargo, a través de estas las pymes prestadoras de servicios pueden participar en los mercados internacionales. Es una solución de mercado para muchas de las barreras de acceso a las que se enfrentan las pymes, entre ellas el acceso a las redes de proveedores, publicidad, finanzas y know-how. Si bien no hay información disponible sobre empleo y venta de franquicias, estas emplearon a más de 8,5 millones de personas en Estados Unidos en 2014.

Las plataformas de Internet son un canal significativo para las exportaciones directas de las pymes. Además, la importación de servicios a partir de estas plataformas representa una nueva forma de conexión entre microempresarios o proveedores independientes de servicios y clientes locales.

Algunos que han llamado la atención de los medios –y de los reguladores– son el transporte de pasajeros como Uber y Lyft, hospedaje como Airbnb y trabajos temporales y proyectos como TaskRabbit. Las plataformas de Internet crean espacios comerciales en donde se promueven, venden y pagan servicios en línea, pero los cuales son entregados a los clientes de manera real y concreta por proveedores de servicios locales.

En principio, tales plataformas reducen los costos de búsqueda y transacción para proveedores y clientes. Sin embargo, las plataformas también pueden obstruir la entrada, lo que podría generar preocupaciones de política de competencia.

La forma más común de internacionalización para las pymes de servicios es quizá como parte de redes internacionales o cadenas de valor. Las pymes siguen a sus principales clientes al extranjero y también se ofrecen como subsidiarias de compañías multinacionales en su propio país. Estas, a su vez, incorporan servicios a sus exportaciones de bienes o las convierten en proveedores para sus operaciones regionales o globales. Si consiguen entrar con éxito a las cadenas globales de valor, las compañías pequeñas suelen crecer con rapidez.

El siglo de las micromultinacionales
Hal Varian, economista en jefe de Google, dijo en un texto para Foreign Policy en 2011 que el siglo XXI le pertenece a las micromultinacionales. Además, las recientes publicaciones sobre negocios están llenas de historias sobre micro multinacionales y compañías que son globales desde su nacimiento o renacimiento.[4]

El conocimiento es una de las principales fuentes de competitividad en el presente siglo. Los productos intensivos en conocimiento pueden llegar lejos gracias a costos insignificantes. Las economías de escala cada vez son menos importantes en la etapa de producción y los patrones de tecnología y demanda cambian con rapidez. En este entorno, las organizaciones pequeñas, flexibles y versátiles resultan ser las más aptas.

Aunque son muchas las oportunidades, también abundan los retos y obstáculos a los que se deben enfrentar las micromultinacionales. En primer lugar, es más difícil para las pymes absorber las pesadas regulaciones y la burocracia que para las grandes compañías. En segundo lugar, el poder de permanencia requiere mantenerse al día con la evolución tecnológica y los gustos cambiantes de los clientes, lo que requiere recursos humanos y financieros significativos.

Las compañías nacen pequeñas y algunas también nacen globales. La gran mayoría de compañías de servicios que logran sobrevivir en los mercados internacionales crecieron rápido y se volvieron sustentables. Algunas crecen de forma orgánica, otras se integran a redes internacionales y a muchas las compran empresas de mayor tamaño.

¿Es necesaria una política de intervención?
Algunas empresas crecen, se expanden, pero algunas otras nunca lo logran o no tienen la intención de hacerlo. Pueden ser personas que trabajen de forma independiente o pequeños negocios familiares a los que les basta con darle un sustento a su familia. Otra razón para no crecer es el hecho de que las compañías se mantienen solo con una sólida base de clientes o una base de clientes con proveedores alternativos. Aquí figuran los negocios de familia, particularmente en países en desarrollo, restaurantes, estilistas, constructoras, transportistas y otros proveedores personales. Es poco probable que estas empresas entren al comercio internacional.

Un reciente estudio de McKinsey Global Institute muestra que las pymes con menos de 10 empleados en México en sectores tradicionales representan el 41% del empleo, mientras que las compañías modernas con más de 500 empleados solo representan el 20%.

No obstante, el sector de las pymes tradicional se ha mostrado rezagado en el crecimiento económico y da cuenta de una productividad laboral de solo el 28% en relación a la que se presenta en las grandes y modernas compañías. Es más, mientras que en estas últimas la productividad ha aumentado en un 5,8% por año durante el periodo 1999-2009, ha decaído cerca de un 6,5% anualmente en las pequeñas compañías.

Las pymes son responsables de dar una buena parte de los empleos, entre 60% y 80% de acuerdo a la información disponible. Sin embargo, es un mito que las pymes sean las generadoras de empleos netos más importantes. No existe evidencia de una relación sistemática entre el tamaño de la compañía y el crecimiento una vez revisada la edad de la compañía. Las compañías jóvenes son las principales innovadoras y generadoras de empleos. Las pymes establecidas prácticamente no generan muchos nuevos empleos.

¿Más productivas porque exportan o exportan porque se volvieron más productivas?
Los costos para entrar a mercados extranjeros son altos y no dependen de las ventas e ingresos subsecuentes. Entre más elevado sea el volumen de ventas, más bajo será el costo promedio de entrada y de negociación con el mercado extranjero. Es por eso que es poco probable que las pymes exporten o tengan presencia comercial en mercados extranjeros y también es la razón por la que las compañías exportadoras son más productivas que aquellas que no lo hacen.

El apoyo a la exportación de las pymes podría resultar en pérdidas si los costos de entrada se duplican para las compañías que no puedan recuperarlos a través de sus ventas. El apoyo podría justificarse si las compañías aprenden y se vuelven más productivas por medio de la exportación, implicando que dicho apoyo redituará en el largo plazo.

Sin embargo, la evidencia del efecto de aprendizaje a través de la exportación arroja resultados disímiles. Dado que existe muy poca evidencia de que el apoyo a la entrada de las pymes a los mercados de exportación tiene efectos positivos en el empleo y la prosperidad, sería mejor reducir los costos de entrada a los mercados que dictan las políticas a fin de facilitarle la vida a los empresarios.

Por ejemplo, los costosos procesos de registro, obtención de permisos y cumplimiento de normas frenan el emprendimiento. Tales regulaciones también desalientan a los trabajadores independientes y pequeños negocios familiares y evitan que se incorporen a la economía formal. Lo anterior, junto a la falta de acceso a crédito, es de hecho uno de las principales limitaciones para la productividad y competitividad para las pymes mexicanas.

Recomendaciones de política
La política de intervención mejora el bienestar cuando los mercados no producen el mejor resultado social, cuando la falla del mercado está bien definida, las medidas de política están bien orientadas y la ganancia por la intervención es mayor a los costos de financiamiento y administración.

El apoyo para aumentar la participación de pymes prestadoras de servicios en el comercio internacional suele basarse en argumentos como que este tipo de compañías son importantes para la generación de empleos, que las exportaciones son buenas para la productividad y, por lo tanto, las pymes deben aventurarse a la exportación, aunque siempre sin una idea clara de la deficiencia del mercado que los gobiernos buscan corregir.

Las recomendaciones de política aquí mencionadas tienen en común el reducir las barreras de entrada a mercados locales y extranjeros. Es probable que dichas reformas aumenten la eficiencia de la economía y le permitan a las compañías ajustarse a la tecnología y a los mercados cambiantes. Es más, las gravosas regulaciones afectan a las pymes más que a las grandes compañías y serían estas las principales beneficiarias de las reformas regulatorias.

Las políticas orientadas directamente a las pymes y a su entrada a los mercados extranjeros deberían limitarse a dar información de los mercados extranjeros a través de, por ejemplo, embajadas, agencias promotoras de la exportación y sitios electrónicos especializados. Los procesos disponibles relacionados a los créditos de exportación no deberían ser más engorrosos de lo necesario para con eso asegurar que los beneficiarios cumplan con las condiciones para obtener el crédito.

La política debería enfocarse sobre todo en eliminar los obstáculos innecesarios para los emprendedores y las barreras de entrada a los mercados extranjeros. Por ejemplo, 1) reformas relacionadas a la regulación nacional que beneficiarían a las nuevas empresas y a las pymes, reduciendo la carga de los requisitos para la concesión de licencias y armonizándolas con socios comerciales hasta donde sea posible; 2) abstenerse de estigmatizar la quiebra; 3) asegurar telecomunicaciones y mercados financieros competitivos y de buen funcionamiento, incluso aquellos para capitales de riesgo; 4) abstenerse de proteger a los beneficiarios de las nuevas empresas que usen tecnologías destructivas; y 5) proteger los derechos de propiedad intelectual.

Las medidas para las políticas comerciales más importantes deben facilitar el flujo natural de personas que ofrezcan servicios entre fronteras, eliminar las barreras para establecer oficinas y sucursales en otros lugares; permitir que la información fluya libremente entre fronteras; permitir el financiamiento conjunto entre fronteras; y adecuar los derechos de autor y similares a la economía digital.

Por último, en comparación con las grandes compañías es más difícil para las pymes absorber las pesadas regulaciones y procedimientos administrativos. No obstante, las regulaciones más engorrosas presentan costos para todas las compañías. Por lo mismo, antes de liberar a las pymes de dichas regulaciones o compensarlas por medio de subsidios sería mejor que los gobiernos busquen la manera de simplificarlas y transparentarlas para todos a la vez.




[1] Este artículo ha sido adaptado de un estudio más extenso que se puede encontrar en Nordås, H. (2015). Services SMEs in International Trade: Opportunities and Constraints. Geneva, Switzerland: ICTSD & WEF.

[2] Nótese que el System of National Accounts (SNA) considera tales productos digitales como de captura de conocimiento y no de servicios. Ver sección 6.22 del manual del SNA.

[3] La USITC calculó la participación en 2012 a partir de un exhaustivo estudio en donde 80% de quienes respondieron fueron pymes con entre 10 y 500 empleados. Las industrias digitales intensivas son la editorial, cinematográfica y edición de sonido, radiodifusión, sindicatos de noticias, publicación de programas computacionales, procesamiento de datos, sitios electrónicos, portales de búsqueda de Internet, finanzas y seguros, maquinaria y equipo para manufactura, distribución y algunos servicios selectos para negocios.

[4] Nacer globalmente suele referirse a las compañías cuyas ventas al extranjero representan 25% de su total antes de los tres años de su nacimiento. El término renacimiento global hace referencia a las compañías que han actuado localmente por años, pero que se volvieron globales en un corto periodo.

 

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